Thadeus Moore empezó a temblar. Carlos lo vio llevarse de nuevo la mano a la sien, pero los dedos temblaban tanto que se preguntó si acaso el anciano estaba sufriendo un colapso nervioso aquí y ahora. Pero no fue así. Él se sentó de nuevo, y con la cabeza entre las manos, guardó silencio un largo momento. No le preguntó si estaba bien. No le preguntó si necesitaba una pastilla, un médico o tal vez una ambulancia. Sólo lo miró en silencio. Claro estaba, si el viejo caía al suelo, haría el alboroto correspondiente. —Yo conozco a tu madre. Susurró Thadeus. —No Señor. ¿La conocía ?. Mi madre murió hace trece años. Thadeus lo miró con los ojos abiertos como platos—. Del corazón –contestó Carlos a su silenciosa pregunta—. Una afección que, si hubiese sido tratada con tiempo, tal vez se

