Esto no podía ser cierto, definitivamente era inaceptable que yo siendo una persona que se consideraba culta, con una maestría y en pleno siglo XXI estuviera al menos considerando la posibilidad de que existiera un hombre capaz de convertirse en un animal a su voluntad. Debía dejar de pensar estupideces de lo contrario las pesadillas no me iban a dejar tranquila; entré en el baño y me lavé la cara estaba sudando, incluso sentía que tenía fiebre así que me tomé un analgésico, guardé toda la información y recogí todos los documentos que estaba utilizando para que Maximiliano encontrara la oficina en orden, quería corresponder un poco a los detalles que él había tenido conmigo, así que le escribí una nota “Gracias por existir, si me dejas… seré tuya por siempre”, me pinté los labios, plasmé

