Las reuniones corporativas siempre tienen un toque de formalidad que a veces roza lo aburrido, pero esta en particular tenía una carga emocional inusual. Apenas presté atención a las primeras presentaciones, mi mente estaba concentrada en otras cosas. Sin embargo, cuando la noticia de que Oliver había sido hospitalizado llegó a mis oídos, toda la sala se volvió borrosa. Como si el mundo se difuminara por un instante, me quedé allí, paralizada por recordar que ella era la culpable de que estuviera en el hospital, intentando procesar lo que acababa de escuchar y de no verse sospechosa. Oliver, mi exmarido, a pesar de todo lo que había pasado entre nosotros, estaba en el hospital. Intenté, pero no pude discernir si sentía más preocupación o alivio. Quizás era una mezcla de ambas. El solo hec

