La brisa entraba por la ventana abierta del departamento, agitando las cortinas blancas con un vaivén pausado. Alicia exhaló un suspiro pesado, dejando que el aroma del café recién hecho se mezclara con el aire fresco de la mañana. Desde que habían vuelto de Francia, todo parecía haber vuelto a la normalidad… al menos en la superficie. Se removió en su asiento, tamborileando los dedos contra la taza de cerámica. No había sabido nada de Amy desde su regreso. Era extraño. Demasiado silencio de su parte, considerando lo involucrada que estuvo en toda la situación con Marcelo. —Sigues con esa cara de preocupación —comentó Valeria desde el otro extremo de la mesa, con una media sonrisa. Alicia le lanzó una mirada de advertencia. —Es raro, ¿no crees? Amy ni siquiera ha llamado. Valeria alzó

