Alicia todavía sentía el cosquilleo en los labios tras el beso con Marcelo, pero la presencia de la mujer de abrigo n***o había cortado cualquier vestigio de calidez que ese momento hubiera podido generar. Mientras Marcelo estudiaba el sobre sellado que le había entregado la misteriosa mensajera, Alicia no pudo evitar sentirse como un espectador en su propia vida, mientras la curiosidad se hacía más notable ella, no aguanto e interrumpió. —¿Quién es ella?— preguntó finalmente, rompiendo la tensión. Marcelo no levantó la vista del sobre, pero la mujer respondió, su voz tan fría como la lluvia que goteaba de su abrigo. —Mi nombre no importa. Estoy aquí porque Marcelo me necesita, no porque tenga que explicar nada a alguien como tú. Alicia sintió cómo la ira empezaba a bullir en su interi

