El sonido del monitor cardíaco era lo único que rompía el silencio pesado en la habitación. Un bip constante, regular, que a cada segundo le recordaba que aún estaba viva. Alicia abrió los ojos con dificultad. Su cuerpo pesaba, sus extremidades estaban entumecidas, y un ardor en la espalda le indicó que el dolor seguía ahí. Parpadeó varias veces, tratando de enfocar su visión. La habitación estaba en penumbras, iluminada solo por una luz tenue en la esquina. Reconoció las paredes blancas y el inconfundible olor del hospital. Alguien estaba sentado a su lado. —Alicia… La voz de Leonardo la alcanzó como un eco. Se giró lentamente y lo vio ahí, con el rostro agotado, las ojeras hundidas en su piel. —Leo… —su voz salió como un susurro. Él se inclinó hacia ella, apoyando los anteb
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