La humedad del bosque se hacía más densa a medida que avanzaban. La neblina nocturna serpenteaba entre los árboles, dificultando la visión de Alicia y Leonardo. Los sonidos de la ciudad se habían desvanecido tras ellos, dejando solo el crujir de ramas y el distante ulular de un búho. Alicia apretó la pistola entre sus manos, con los ojos fijos en la silueta de Moreau que se deslizaba entre los árboles, aun arrastrando a Amy consigo. El rastro de sangre en el suelo confirmaba que estaba herido, pero eso no significaba que no fuera peligroso. —Se está debilitando —susurró Alicia, acelerando el paso. —No te confíes —murmuró Leonardo a su lado, con la vista escaneando el área. —Un hombre como Moreau no va a caer sin pelear. El viento cambió de dirección y, con él, llegó un susurro casi

