La puerta se abrió con un leve chirrido, en el umbral apareció un hombre de cabello oscuro y actitud despreocupada. No vestía su traje habitual, en su lugar llevaba una chaqueta de cuero gastada y una expresión seria que rara vez mostraba. Alicia sintió un escalofrío. —¿Tú? —su voz sonó áspera, casi incrédula. —¿Ahora te mandan a vigilarme también? Luca suspiró y cruzó los brazos. —No tienes ni idea de lo que ha estado pasando allá afuera, ¿verdad? Alicia apretó los labios. —Difícil saberlo cuando te tienen encerrada como un animal. Luca ladeó la cabeza, observándola con algo que parecía… ¿curiosidad? —Sí, bueno, por suerte para ti, eso se acabó. Alicia entrecerró los ojos. —¿Qué? —Vienes conmigo —Luca sacó una llave de su bolsillo y la movió con despreocupación. —Sal

