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2314 Words

Alicia no podía seguir ignorándolo, la mansión la asfixiaba. Desde aquella noche en la que despertó aterrada, con el recuerdo de Leonardo acechándola en sus sueños y en la realidad, la sensación de estar atrapada se había vuelto insoportable, no podía salir sin que alguien la siguiera, no podía moverse sin sentir miradas sobre su espalda, no podía siquiera respirar sin que el aire le supiera a peligro. La mansión no era solo una casa, era una maldita prisión disfrazada de lujo y ella era su prisionera. La noche había caído cuando Alicia, decidida a enfrentarlo, irrumpió en el despacho de Leonardo. Él estaba sentado detrás de su imponente escritorio de madera oscura, con una copa de whisky entre los dedos, su camisa negra remangada revelaba los tatuajes en sus antebrazos, un recordato

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