Capítulo 5: Ella es la amante

1978 Words
Narra Catherine Tan pronto puse un pie fuera de mi casa, más bien, de la que era mi casa; volví a desplomarme en un mar de lágrimas. Hasta ese momento me había dado cuenta que había cometido demasiados errores, muchos de ellos no los vi a simple vista porque estaba enamorada. Solo pude sacar mi equipaje, incluso aquel que llamaba “mi auto” también está a nombre de Christopher. El golpe de la que era mi realidad, fue demasiado fuerte, me di cuenta en solo minutos, que toda mi vida, era una mentira. —¿Catherine? Carajo ¿Qué te pasó? Nat me mira espantada, no es para menos; verme en la madrugada, desbordada en lágrimas y con una maleta, cualquiera reaccionaría así. No pude responderle, solo pude correr a ella y abrazarla para llorar en su pecho. —Dios, dime ¿Qué pasa? Ella me rodea con sus brazos y trata de consolarme, pero no podía, nunca me había pasado algo como esto; quise retener mi llanto, contener las lágrimas, pero no podía hacerlo. —Es una amiga, todo está bien —le dice ella a sus vecinos que empiezan a salir al pasillo para ver qué sucede—. Vamos a dentro, no quiero que el administrador me llame. Pasamos al interior de su apartamento, ella me da un vaso de agua y eso hace que el nudo en mi garganta se disipe. —Quiero saber ya, ¿Qué pasó? Estoy preocupada y no sé si llamar a tu madre o la policía. Ella se cruza de brazos y me doy cuenta que aún está en pijama y con los rulos en su cabeza. —Siento venir así, pero no tenía a donde más ir —dije con mi voz en un hilo. —Esta es tu casa también, puedes venir cuando sea. Ahora, dime que pasó. ¿Fue Christopher? ¿estás así por él? Asentí y sentí como ese nudo en mi garganta aparecía. —¿Te pegó? ¿él te puso una mano encima? Dime ya, porque yo misma iré con ese bastardo y le romperé las malditas piernas. —Christopher tiene otra mujer —solté y con eso mis lágrimas aparecieron. Bajé mi cabeza y tapé mi rostro con mis manos, mi amiga se sienta a un lado de mí y me abraza. —Oh, Catherine… Ella no hace más preguntas, solo cuando pude calmarme, le conté lo que había pasado. —Ese hijo de put*, es un maldito. Fue un lobo disfrazado de oveja, quien lo ve amable y bondadoso. Es un maldito. —Tengo que hablar con el abogado. —Claro que tienes que hacerlo. El muy mierd* es el infiel y tras de eso te corre de la casa en la que has vivido con él desde siempre. Eso es insólito, no lo puedo creer. No esperé a que saliera el sol para llamar al abogado de cabecera, le pedí verlo porque en medio de mi rabia, quería ser yo quien iniciara el proceso de separación, pero parece que Christopher se ha adelantado. —Catherine, lamento mucho que estén pasando por esta situación —dice el abogado—. Y viendo que ambos desean continuar con el proceso, yo les ayudaré a conciliar si es lo que quieren y a que el proceso de separación no tenga inconvenientes. No habían pasado ni veinticuatro horas de haber descubierto la infidelidad y él mismo le pide al abogado iniciar con el proceso de separación. —Quiero recuperar lo que me pertenece, no quiero conciliar nada; solo quiero separarme de él y tener lo que invertí a ese lugar, quiero de vuelta todo lo que es mío; el dinero que le di para lo de su proyecto político, todo. —No entiendo —dice el abogado. —¿Qué no entiendes? Aurelio, quiero lo que invertí. Quiero que también inicies los trámites para volver a tener las acciones que me dio mi abuelo de su compañía a ni nombre. Quiero el dinero que saqué de la cuenta que mi abuelo me dio para su proyecto, para el gimnasio de nuestra casa, para las pinturas, quiero todo de vuelta. —Creo que eso no será posible. —¿Por qué? —Catherine, seré honesto contigo. La situación es compleja para ti, inicialmente porque todo lo invertido o edificado, está en una propiedad ajena, en este caso de tu suegro. Solo si él es alguien de buena fe te devolvería lo que has invertido, pero quiero que entiendas que no se puede forzar a eso. Es más, él como dueño del suelo, puede mandar a demoler todo lo que hayas hecho y también esa demolición, va costeada por ti. Es un caso complejo, pero si quieres puedo ayudarte para que concilies con la familia de Christopher. Por otro lado, tú misma le diste a Christopher una potestad para que el manejara tus acciones y una de tus propiedades, esas acciones fueron negociadas hace pocos días, actualmente pertenecen a alguien más. Lo mismo para tu apartamento en Colombia, fue vendido hace dos años. Un balde de agua fría fue cayendo sobre mi cuerpo, tuve que recostarme por completo al espaldar del sillón para no desplomarme. —Eso no… no es posible, yo… Al poco de tiempo de casarme, mi abuelo me cedió una parte de las acciones de su compañía, esa también fue una manera de apoyarme y de darme independencia y libertad financiera, sin mencionar el dinero que depositó mes a mes a una cuenta que me regaló desde que cumplí la mayoría de edad; pero dado que estaba en otra ciudad y que había hecho un acuerdo con mi esposo de quedarme en casa mientras que él se hacía cargo de todo lo relacionado con el trabajo. Opté por darle una potestad, era un poder para que él manejara mis deberes dentro de la compañía de mi abuelo, lo mismo para todos los asuntos relacionados a esas cosas que me pertenecían. Esa es la razón por la que siempre lo apoyé, era consciente de que él trabaja el doble, manejaba sus obligaciones y también las mías. —¿No lo sabías? —Claro que no lo sabía, ¿Cómo pudo hacer eso sin si quiera preguntarme? Necesito que hagas algo, eso me pertenece a mí, él no tiene ningún derecho de vender algo que no es suyo. —Ante los ojos de la ley si lo es. —No, no lo es. Esa potestad era solo para atender mis deberes y ser como un representante porque yo no estaba en la ciudad, él solo... —No, no solo le diste ese poder. El hombre abre su maletín y empieza a sacar muchos papeles. —Mira, justo aquí se especifica que le das el poder para comprar o incluso vender esos recursos que tú le estás cediendo a él como apoderado; aquí esos mismos procesos notariados están firmados por ti. —Yo jamás firmé eso, nunca le habría permitido que… Al ver los papeles recordé esa mañana en la que yo misma los tuve en mis manos y los firmé. Tanto confiaba en él que no me detuve a leer nada de lo que firmaba. —Hace menos de un año fui a Colombia y me quedé en ese apartamento, Aurelio. Si dices que fue vendido hace dos años, ¿por qué pude alojarme en él? —No lo sé, solo hablo desde lo legal, más allá, no sé nada Catherine. Me estaba negando a creer que podía ser verdad, no podía ser verdad. —Bien, debo atender un asunto en media hora, pero llámame si tienes cualquier duda. El abogado se levanta de su asiento y se retira. Todo el mundo se me estaba cayendo encima. —Eres una tonta, lo siento por decirlo, pero ¿Cómo se ocurrió darle un poder a tu esposo? Nat me miraba con su ceño fruncido, ahora me sentía culpable. —Porque confiaba en él. Lo hice porque nunca pensé que él me engañaría, lo hice porque creí que era la única persona en el mundo en quien podía confiar. De saber que él me engañaría y que… ¿Cómo se supone que le cuente esto a mi madre? Mi abuelo se morirá cuando se entere. Soy una estúpida, una imbécil. Aquellas lágrimas aparecen y esta vez cargadas de culpa y enojo. Hasta ese punto me había dado cuenta que, durante estos cuatro años de matrimonio, solo me enfoqué en él, solo me preocupé por mi maldito matrimonio; Christopher fue la prioridad, me costaba creer que había desgastado todo para que él creara su firma, me maté por verlo convertido en lo que es, al punto de olvidarme de mi misma, se me olvidó crear mi propio patrimonio. No me preocupé en crecer, porque pensé que éramos un equipo, no me preocupé por mí, sino en hacer lo posible para que fuera él quien evolucione y logre lo que siempre él y su familia había querido. Era mi esposo, se supone que somos uno solo. Tenía que saber si era real, aún me negaba a creerlo. Busqué entre mis contactos el número del administrador del edificio en el que está mi apartamento en Colombia y lo llamé para saber qué era lo que pasaba. ¿Por qué nadie me dijo nada? ¿por qué nadie me preguntó nada? —Señora Catherine, que gusto escucharla. Hace mucho no la saludaba. Christopher siempre se encargó de todo, no solo veía a través de sus ojos, también hablaba a través de él. —Necesito hablarle de algo importante, es sobre el apartamento. —Oh, ya los nuevos dueños se instalaron. Hace unos pocos días terminaron la mudanza, fue justo después de la visita de su esposo. —De mí… No tenía idea de que él había estado en Colombia. Claro, el viaje de negocios que hizo la semana pasada. —Oh, claro, se me había olvidado. Ese viaje… no pude ir por algunos asuntos pendientes, el pobre tuvo que encargarse solo de los asuntos. —No, él señor se instaló con su hermana, ella le ayudó. Se quedaron unos días y luego se fueron, pero antes me informó que los nuevos dueños se instalarían. Christopher no tiene hermanas. —Entiendo, bien, me alegra que todo haya salido bien. Tenía un nudo en mi garganta. —Sí, también nos alegra. —Oye, antes de terminar la llamada. ¿podrías recordarme el nombre de la nueva dueña? Es que estoy terminando de llenar algunos asuntos legales, es que sabes que esto nos tomó mucho tiempo. —Claro, es la señora… Vilma de León Rivas. Ese nombre me sonaba, pero ese apellido. Esa mujer es la madre de… Algo no tenía sentido para mí, sin embargo, quise calmarme un poco y llamarle a Aurelio. Necesitaba saber a quién le habían vendido mis acciones. —Aurelio, necesito que me digas a quien pertenecen las acciones. ¿a quién fueron vendidas? —Catherine, creo que necesitas hablar con Christopher de esto. —¡Te hice una pregunta! —grité molesta. —Están a nombre de Isabella Rico de León. Mis pies no pudieron sostenerme más, mi cuerpo perdió fuerza. —¡Catherine! —grita Nat preocupada. La mujer corre hacia mí y trata de levantarme, pero era como si mi cuerpo estresado se desconectar un momento de mí. Un zumbido llegó a mis oídos y todo a mi alrededor daba vueltas. —Es Isabella —susurré. —¿Qué pasa con ella? —Me engañó con ella, él me engañó con ella. Sí, durante cuatro años apoyé de todas las formas a un hombre que usó mis propios recursos, mis propios esfuerzos y mi propio dinero, para dárselos a otra mujer. Durante todo ese tiempo, le di prioridad a un hombre que tenía a una amante a la que ponía por encima de mí.
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