Alessandro —¿No te han dicho que escuchar conversaciones ajenas es de mala educación? — mi hermana aparece junto a mí, mientras observo atentamente los gestos de mi mujer, buscando algún indicio de que lo que hablan no le esta haciendo bien para poder correr a su rescate, pero la noto demasiado tranquila. — hermano, déjala ¿aun no te das cuenta de que no es una damisela en apuros? Ella puede cuidarse sola. —Solo… no quiero verla sufrir más. —Lo que tienes que hacer es dejarla, dejar que se caiga y se golpee, estar ahí cuando sienta que su mundo se derrumba, pero no estar detrás de ella evitando que sienta. —¿Quién eres? — pregunto divertido, definitivamente la niña a la que protegía a capa y espada para que no sufra se ha convertido en toda una mujer y no puedo evitar sentirme orgullo.

