Nerea Todo aquel que mirara por la ventana de la sala en ese instante juraría que el grupo de personas que se reunía en la habitación de su hogar, disfrutaban de un buen momento y de la compañía, sin embargo, ella sabía que no había nada más alejado de la realidad. Su hermano lucía tenso por razones que podía imaginar, los ojos de Gema estaban llenos de incomodidad, Ezra parecía como si se esforzara demasiado para ser amable con todo el mundo y ella solo quería levantarse de la mesa para no regresar. Los único que parecían felices eran sus padres. -¿Seguiremos esperando por el abuelo Emilio? -preguntó Gema con irritación. -Sabes que si no lo hacemos su comportamiento será peor -afirmó la madre de su amiga -estamos seguro de que el abuelo estará de mejor ánimo si lo esperamos para cenar.

