Al fin el coche se detuvo, Serena lo agradeció ya que su estómago era un completo revoltijo. Seguía sin levantar la vista, hasta que alguien pone una mano sobre su hombro. —Bájate —Le ordenan. Ella hace caso y se baja, la llevan suavemente para que caminara y casi a ciegas que lo hace. De pronto se queda de pie, sin saber a dónde ir. Lo único que hacía era temblar como una gelatina. Sin querer las lágrimas salieron de sus ojos. —Serena —Y justamente en ese momento la morena escucha esa voz tan familiar. […] Después de que Casey desayuno en compañía de Cauther, la pelinegra no sabía que decirle a su “esposo” era extraño verlo como su esposo. —Tendrás una visita en… —Mira su reloj —. Unos 5 minutos, deberías ir a la salida —Le dijo Cauther mientras leía el periódico. —¿Visita? ¿Mi pa

