La soledad es desgarradora

1681 Words

LUCIA Bostecé y acurruqué la cara contra la almohada. Pero, sorprendentemente, la almohada no era nada blanda. Fruncí el ceño y entreabrí los párpados. Parpadeé, sin creer lo que veían mis ojos. Estaba durmiendo sobre el hombro de Alejandro. Un momento... Entonces me di cuenta de que quizá me había quedado dormida mientras veía la película. Me quedé quieta en mi sitio y lo miré de reojo para ver si él también estaba durmiendo, para poder salir lentamente de allí, pero, Dios mío, estaba completamente despierto, mirando al techo. Me mordí los labios y fingí volver a dormirme por un momento, solo unos segundos, para sentir el calor que irradiaban sus hombros. Si hubiera sabido que me quedaría dormida a su lado en el sofá, dudo que hubiera cerrado los ojos. La jungla de mariposas que siento

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