LUCIA —Qué flores tan bonitas—, me dije a mí misma, admirando el ramo de orquídeas azules que había puesto en un jarrón transparente y colocado en la mesita de noche. Si no me controlo, acabaré bailando de alegría. Ahora mismo estoy muy feliz. Abrí la cámara de mi teléfono y hice algunas fotos de las flores. En un par de días se secarán, su color brillante se desvanecerá y su fresca fragancia desaparecerá en el aire. Son efímeras y quizá por eso nunca me canso de ellas. Las flores dicen mucho sobre la vida humana. Estaba perdida en mis ensoñaciones cuando sonó mi teléfono. Una gran parte de mí se alegró pensando que podría ser Alejandro, pero en cambio era una llamada de mi madre. Mi boca se torció con disgusto, pero la contesté de todos modos. —¿Hola? —Tu cuñada está embarazada. Hoy

