LUCIA Me miré en el espejo. Un vestido azul real, pesados pendientes de oro y mi cabello cuidadosamente recogido en un moño. Sonreí al verme. Recientemente he descubierto algo sobre mí misma: ya no me da vergüenza salir, siempre y cuando sea con Alejandro. Me pongo nerviosa entre tanta gente elegante y rica, pero, de alguna manera, no me molesta tanto como cuando me casé con él. Al salir de casa, lo vi apoyado casualmente contra su coche. Tenía la mirada fija en la pantalla de su teléfono. Me tomé un buen minuto para admirarlo. Llevaba un traje de negocios que le quedaba perfectamente. Tenía el pelo bien cortado y su rostro brillaba literalmente a la pálida luz de la luna. Cogí mi teléfono y pulsé el botón de la cámara, haciendo un poco de zoom. Estaba a punto de hacerle una foto cuando

