El hombre de cabello rojizo ingresó a la dirección con una sonrisa falsa. Tensándose al ver a su hijastra a lado de su padre. Para Dalton, Annette no era más que una mocosa que estaba demasiado mimada por su propio padre, el hijo de puta le podía conseguir un unicornio si ella así lo quería, aún que no existieran, Cameron lo hacía posible para su engendro. Sus engendros. La sangre de esos niños estaba maldita, de eso no había duda y aun que le costará, siempre les daba una sonrisa tratando de ocultar el asco al verlos físicamente parecidos a su padre. —Lamento la tardanza— Sonrió descaradamente. La sonrisa no era para la jugosa directora, no , era para el hombre que lo miraba tan furiosamente. La satisfacción de poder tener influencia en él, era placentera para Rinaldí. Cameron Blac

