Cuando la noche terminó y nuestra hora límite en aquel lugar se acercó, ambos caminamos de regreso a nuestros camarotes. Pasé dándole las buenas noches a mis padres, sin dejar de lado que mi madre la estaba pasando terrible desde la última hora. Mareos, náuseas y finalmente pérdida de apetito. Hugo me acompañó durante todo el proceso, terminando por escaparse repentinamente y volviendo con un par de medicinas para mi madre, sin dejar de lado que horas mas tardes les visitó una enfermera encargada de todos los casos. Cuando llegó el momento de despedirnos, ambos quedamos en silencio y en un estado inmovil, incapaces de decir algo más o siquiera de alejarnos. Sonrió hasta acercarse y pasar mi cabello tras mi oreja, recordando vernos la mañana siguiente y explicando lo cerca que estaría an

