Capítulo 1: Pablo.

1079 Words
El amor era el sentimiento más arriesgado que podía llegar a sentir. Pensé tenerlo resuelto, o al menos controlado por ahora, pero cuando tienes una vida planeada a la perfección y alguien sale de la partida, el juego entero se viene abajo. Ese fue el sentimiento que viví cuando encontré a Pablo, mi esposo, con otra mujer. Las sospechas llevaban un tiempo, quizás más de las que quería admitir, pero había pasado la mayor parte del tiempo enfocada en mis estudios, trabajo y orden en casa, tanto que probablemente había sido la causante de la lejanía existente entre Pablo y yo. Pero ahora no estaba para buscar culpables, estaba allí frente la puerta de mi antigua casa. La casa donde había pasado mi niñez y adolescencia, la misma casa donde muchas veces llevé a Pablo, dónde cenamos en familia y dónde di mi primer beso con él a los 16 años. Quizás había sido mi propia condena el haberme ido de casa tan joven, tan deprisa, tan asustada. Pero inclusive eso, no podía controlarlo. Llegué allí sin decirle nada a mis padres, sin siquiera tener la valentía de confesar que a los 28 años de edad y muchos años vividos en mi matrimonio, Pablo tenía una amante. Estaba en proceso de divorcio, devastada y sintiendo como aquel mundo perfecto que idealicé durante años se venía abajo. No hice más que respirar hondo, cerrar mis ojos con fuerza y golpear ante aquella puerta. Tras de mi, mis grandes y únicas maletas me acompañaban. Lo único que había tenido la valentía de sacar del departamento poco después de encontrar a Pablo. Así que esperaba que aquel proceso fuese fácil, aunque aún no tuviese el modo de explicarlo. También esperaba que mis padres no estuviesen tristes, y que al menos mi llegada regresara un poco de alegría a todo mi caos interno. La puerta se abrió rápidamente y me dejó encontrarme a mi padre y mi padre felices, se basaban uno al otro mientras la música de fondo estaba en un tono bastante alto. Puse los ojos en blanco al ver aquella emoción de ambos, muchas más emoción de la que había visto en años. Me miraron confundidos y rápidamente mi padre estiró sus brazos al aire hasta abrazarme con fuerza.—¡Ava! ¡Vaya sorpresa!—Gritó rápidamente. Mi madre tras él me miraba confundida, estática.—¿Ava? ¿Por qué tanto equipaje? ¿Dónde está Pablo?—Preguntó confundida. Aún entre los brazos de mi padre, no hice más que partir en llanto rápidamente y abrazarlo con fuerza. No tenía la valentía de fingir que todo estaba en orden. —...Hija, mi niña... ¿Qué pasa? ¿Por qué lloras? Nosotros también estamos emocionados de verte.—Dijo mi padre tratando de calmarme y limpiar mis lágrimas. Reí aunque mi alma se quebrara en dos, lo abracé con más fuerza y hundí mi rostro en su pecho.—Pablo no vendrá ahora, ni nunca.—Susurré de voz quebrada. —¿¡Pero qué dices, hija!?—Preguntó mi padre.—¿Que ha pasado con Pablo? Me estoy asustando, Ava.—Advirtió. Poco a poco intenté respirar, calmar mis lágrimas y controlar mi pulso. Mi padre seguía allí estático, mirando confundido, preocupado y bastante angustiado. —Es Pablo...—Susurré.—Lo encontré con otra mujer, padre. Tiene una amante.—Confesé entre lágrimas.—No sabía dónde ir, no quiero estar en casa, me siento sola, traicionada.—Balbuceé una vez más. No hizo más que besar mi frente, limpiar mis lágrimas y tomarme con fuerza hasta ayudarme a estar dentro de casa. Una vez dentro observé como todo había cambiado, las cosas parecían estar guardadas, mantas blancas sobre los muebles, cajas en ciertas esquinas. Algo no estaba bien. —¡Julia, apaga la música!—Gritó mi padre a mi madre.—¡Mete el equipaje de Ava!—Advirtió una vez más.—Te buscaré un poco de agua mi niña, respira hondo. Estás aquí, estarás bien.—Susurró besando mi frente y haciéndose a un lado hasta caminar a la cocina. De un momento a otro, la música acabó y mi madre hizo paso dentro de la casa, llegando a mi lado y mirándome perpleja.—Hija... Yo lo siento.—Susurró en un hilo de voz.—¿Por qué no llamaste? ¿Por qué no contaste nada de ésto?—Preguntó confundida. —No tenía el valor de hacerlo, siquiera sabía cómo. Me voy a divorciar a los 28 años, madre. No tengo más que un poco de ropa y un trabajo de medio turno. No tuve más opciones que volver aquí.—Reproché. Rápidamente mi padre volvió con un vaso de agua, dándolo en mis manos y mirando a mi madre confundido. —Ava... ¿Y ahora que harás?—Preguntó mi padre con sutileza. —Quedarme con ustedes un tiempo. Traje lo poco que tenía, al menos necesito estar aquí mientras el proceso de divorcio está en trámite. Los necesito.—Susurré en un hilo de voz.—Pero antes necesito saber, ¿qué demonios sucedió aquí? ¿Por qué todo está diferente y guardado?—Pregunté mirando a todos lados.—No recuerdo que ésto estuviese así.—Balbuceé. —Ava, la última vez que viniste tenías 25 años.—Advirtió mi padre. —¿Tanto tiempo pasó?—Pregunté.—Siquiera lo pensé, lo siento tanto. Los extrañé un montón, perdí el tiempo en tantas cosas que siquiera fui capaz de ver más allá, siquiera fui capaz de darme cuenta que mi esposo me era infiel.—Susurré partiendo en llanto una vez más. —...Oh, Ava...—Susurró mi padre abrazándome con fuerza otra vez.—Todo estará bien, solo necesitas tiempo para adaptarte. —Esperaba tener una vida perfecta, un esposo al cual amar, un trabajo, un lindo hogar...—Balbuceé.—Todo se vino abajo más rápido de lo que pensé. —Dile de una vez, Ricardo. Se hace tarde.—Dijo firme mi madre mirando fijamente a mi padre. Salí de su pecho confundida, limpiando mis lágrimas y mirando a ambos.—¿Decirme qué? ¿Tarde para qué?—Dije mirando a mi padre una vez más. Mi padre respiró hondo, miró a mi madre y regresó su mirada a mi.—Nos vamos de viaje, Ava. Nos vamos a un crucero vacacional. Estábamos por salir apenas tocaste esa puerta.—Insistió.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD