Larissa colgó los vestidos para que no se arrugaran, acomodo los accesorios y los zapatos, después se dio una ducha rápida y se fue a la cama. Al día siguiente salió temprano de la oficina y se preparo para el cóctel.
El chofer de los Moore paso por ella puntualmente a las ocho en una lujosa camioneta AUDI. Bastian llego en su auto y se reunieron en la entrada. Él le ofreció el brazo y ella lo tomo visiblemente nerviosa, los fotografiaron juntos y apretó inconscientemente el brazo de Bastian, quien la miro comprensivo mientras le susurraba: "no te preocupes, no pasa nada".
Una vez que superaron el pasillo de las estrellas, entraron al lugar que ya estaba atestado de gente elegante y a donde quiera que mirara había esmóquines y hermosos vestidos de noche. Bastian posó su mano a la mitad de su espalda y la condujo hasta la barra, le entregaron dos copas de champaña. Bastian tenia una mesa reservada para su familia e iba hacia allá cuando un tipo alto, con smoking a la medida, les corto el paso.
—Bastian. ¿Cuánto tiempo sin vernos?
Le estrecho la mano al hombre, pero Larissa pudo sentir su incomodidad.
—Muy poco, a mi parecer. Mi padre nos informó de los problemas en la empresa.
—Nada que no se pueda arreglar. Estoy en ello…
—Deberías haberte quedado hasta que el problema se resuelva. No creo que debas estar aquí si la empresa tiene problemas tan serios, pero, como ya lo hiciste y la empresa ya pago por traerte… ¡Disfruta la noche, Jasso!
—¡Gracias, Moore! Y… ¿no me vas a presentar a la señorita…?
—Ella es la señorita Larissa Vallejo —Bastian detuvo el gesto amistoso de ella y a él lo dejo con la mano estirada— Tenemos que saludar a otras personas.
Larissa miro hacia atrás, el hombre le sonrió y le guiño un ojo. Volvió la vista al frente y le pregunto a Bastian quien era y él simplemente pronunció la palabra “imbecil”.
Llegaron a la mesa reservada para los anfitriones y toda la familia la saludo efusivamente, además de felicitarla por el ascenso. Larissa ya los conocía a todos y los padres de Bastian eran excelentes personas, habían apoyado a su hijo y a Camila durante el juicio donde Larissa fue una pieza clave para condenar a los culpables y por eso la familia la apreciaba mucho. Bastian tenia otros hermanos, uno mayor y una menor, el mayor era responsable de la filial en Londres y la hermana estaba estudiando pediatría.
Ella se sentía como una intrusa, pero la hicieron sentir como en casa. Alison era muy divertida y Aarón demasiado serio, Bastian por ser el de en medio, era una mezcla entre ambos. Estaban bailando en la pista ella y Alison, cuando la chica se quedo muy quieta y literalmente babeando.
—¡Ali! ¿Qué pasa?
—Ari ¿no me digas que no viste a ese bombón?
—¿Cuál? Hay muchos.
—¡Oye! Claro que hay muchos, la empresa prácticamente los escoge, además del CV, les pide un estudio fotográfico. Son casi modelos.
—¿En serio?
—¡No! ¿Cómo crees?
—Bueno, si parecen, algunos son demasiado atractivos. Como el que saludo a Bastian, no se su nombre, solo lo llamo Jasso.
—¡Ohhh si, Octavio Jasso! Bastian lo aborrece, le dijo a mi padre que lo enviara al polo norte. Es muy guapo, pero es muy creído, todo un burgués. Quiso conquistar a Camila en un coctel, pero después le pidió disculpas y le envió flores.
—¿Es muy coqueto?
—“Coqueto” ¿Quién usa esa palabra todavía?
—¡Yo!
—Es un libertino, un golfo, un Don Juan. ¡Dios! Me siento rara usando esas palabras.
—¿A ti te ha……?
—No, ni siquiera me gusta, pero tampoco se atrevería. Aunque es un cretino, puede intentarlo con la novia de Bastian, pero no lo hará con la hija del que firma los cheques.
—Entiendo que hay una rivalidad entre ellos.
—Yo creo que hay algo mas, pero Bastian no quiere hablar de eso. Lo siento, debo buscar a mi príncipe azul. Lo acabo de ver pasar nuevamente. Casi son las doce, debo buscar a ceniciento antes de que se convierta en calabaza.
—¿Ceniciento? – pero se fue y ya no la escuchó. Iba de regreso a la mesa cuando Octavio Jasso le cortó el paso.
—Señorita… Vallejo, ¿cierto? – le tomó la mano con delicadeza y depositó un suave beso sobre el dorso.
—¿Y usted es…?
—Octavio Jasso. Me parece que no fuimos presentados correctamente —ella le sonrió, por supuesto, siempre había sido guapa, pero ahora se veía preciosa, ese vestido gris plata le sentaba perfecto, se ajustaba a su cuerpo como un guante y esos tacones tan altos hacían lucir esas piernas kilométricas, de infarto. Si, iba a gozar mucho cuando tuviera esos tacones sobre sus hombros, porque esa sonrisa era un “si” enorme— ¿Eres parte de la compañía o solo la acompañante de Bastian?
La sonrisa de Larissa se desvaneció ¿Qué estaba insinuando este tipo? ¿Qué clase de mujer creía que era ella? Respiro hondo varías veces, no quería hacer una escena, miro a su alrededor, pero su ángel guardián no se veía por ningún lado.
—¡Lo lamentó Sr. Jasso, pero temo que debo excusarme! —se dio la vuelta y lo dejó ahí parado, o eso pensó porque enseguida apareció a su lado.
—¡Lo siento! Mi intención no era ofenderte. Es solo una simple pregunta.
—¡Bastante grosera y especulativa! Me vio en la mesa del Sr. Moore, junto a toda su familia. ¿Me cree una descarada como para frecuentar a la familia? Su esposa es mi mejor amiga.
—¡Ohh si! La bellísima Camila. Sin embargo, eso no responde a mi pregunta.
—Ok, creo que lo entendí mal. Trabajo en la compañía, aquí en Estados Unidos —ella volvió a sonreír apenada y sonrojada. Octavio la miraba fijamente, tanto que la ponía nerviosa e incómoda.
—Yo soy el Director Nacional México, aunque también estoy a cargo de América del Sur —no podía quitarle los ojos de encima, esos hermosos labios lucían más prominentes con el color rojo, aunque al natural le sentaban mejor porque tenían un tono rosa intenso, lo recordaba bien. La nariz era pequeña y sus oídos, eran diminutos, aunque no por ello discordaban con el conjunto completo de su rostro, su piel era morena clara, su cabello rizado castaño oscuro, sus ojos eran de un exótico color verde jade y con seguridad media mas de 1.70 sin tacones.
—Sr. Jasso ¿Por qué me mira de esa manera? Me hace sentir ansiosa y e incómoda.
—¡Vaya! Si que eres directa —la muy insolente, no se le quitaba la costumbre.
—Siento mucho que eso le moleste.
—No te preocupes, está uno muy acostumbrado a que las mujeres sean tan complacientes que algo de irreverencia puede resultar refrescante. Lo qué pasa es que… creo haberte visto en otro lugar, me pareces tan familiar.
—¡¿De verdad?! Bueno… lamento no poder decir lo mismo.
—¿Ni un poco? —ella negó con una sonrisa, la pequeña idiota ¿quería tomarle el pelo?— ¿Cuántos años tienes?
—25 ¿Por qué?
—Pensé qué tal vez te recordaba de la escuela —un mesero pasó y les ofreció champaña, tomó dos copas y le dio una, ella la tomó algo renuente.
—¿No bebes?
—Muy poco. Y tú, ¿cuantos años tienes?
—Casi 30. Beber champaña no te hará alcohólica y es una fecha muy importante para la empresa —levantó la copa— Brindemos porque cumpla muchos años más.
Chocaron las copas y ella se llevó la suya a los labios, hizo una adorable mueca cuando las burbujas atacaron sus papilas gustativas. Miro su boca y pensó en todo lo que esa mujer le hacía sentir, pero no era amor, quizás se parecía más a la obsesión, al deseo irrefrenable y a la necesidad de vengarse.
Se estaban sonriendo mutuamente cuando Bastian se acercó y le dijo que tenían que irse porque Camilla estaba algo inquieta.
—Ella puede quedarse, Moore. Yo la llevaré sana y salva a casa.
Bastian no le permitió contestar, lo hizo él, pero le contesto de manera agresiva y grosera que: ni lo soñara. La tomó a ella por la espalda y la condujo hasta la mesa. Se despidieron de todos y Bastian solicitó la camioneta para que regresara a su apartamento. Larissa le pidió que la llamara en cuanto supiera si Camila estaba bien. El coche de Bastian llegó primero y le suplicó que por ningún motivo se fuera con Octavio Jasso. Se disculpó por dejarla sola, pero tenía que irse ya porque estaba preocupado por Camila.
Larissa esperaba impaciente que trajeran la camioneta y unos metros más atrás otro hombre la observaba. Alison estaba con el ya que no pudo localizar a su ceniciento y se encontró con Bruno Orellana, el hermano de su mejor amiga. El padre de Alison lo había invitado con la intención de que se conocieran y surgiera algún romance entre ellos, pero ya se conocían y no había química de ese tipo entre ellos. Alison le estaba preguntando por Susi, pero él parecía hipnotizado por la figura femenina que tenía enfrente. Una preciosa mujer de vestido plateado y su hermoso trasero que se apreciaba a la perfección debido a la caída de la tela
—¡Dios Bruno! Pareces idiotizado. La conozco, podría presentártela. Trabaja en la empresa con Bastian y es la mejor amiga de Camilla. Sin embargo, no sé si es una buena idea, porque tú eres un libertino, jamás tomas a una mujer en serio y ella no es una mujer para jugar. Es una mujer para casarse, tener hijitos y jugar a la casita feliz. Es lo menos que se merece después de lo que le ha pasado.
—¿Nunca te han dicho que hablas demasiado?
—¡En realidad, si! Entonces… es ahora o nunca.
—Con lo de: “Es una mujer para casarse, tener hijitos y jugar a la casita feliz”, me perdiste. Yo todavía no estoy preparado para esas cosas y ni siquiera sé si algún día lo estaré.
—Pues mejor, porque Bastian la protege tanto como a Camila. Si Octavio Jasso o tú, se le paran enfrente, tendrán que pasar por sobre Bastian y Camila juntos, además de la familia completa.
—¿Porque tanto amor e interés por una desconocida? —bebió su copa, sin apartar los ojos de la fascinante alucinación.
—¿Qué te pasa? Ari no es una desconocida.
—¿Ari? Se llama Ariana supongo.
—No, se llama Larissa.
—¿Y a quién diablos se le ocurrió llamarla "Ari"? —puso los ojos en blanco ante lo ridículo del sobrenombre.
—Desde que la conocimos Cami y Bastian la llaman así. Te molestas como si fuera algo tuyo —a ella y a Susie les encantaba molestarlo— Susie me contó que de niño eras muy egoísta con tus juguetes y que tú palabra favorita era “mío”. Mío esto, mío lo otro. ¡¡Jajajajajajaja!! Me preguntó, cuál será la palabra que usas ahora que eres un adulto: “Mi propiedad”.
—¡Jaja! Muy graciosa —una camioneta recogió a la chica del vestido plateado y se preguntó, quien enviaría semejante vehículo para recogerla. Maldijo entre dientes porque podía sentir la serpiente de los celos enroscándose en su interior.