A Víctor y yo estábamos en el sofá, sumidos en ese tipo de momento que solo se ve en las películas románticas. Nuestros labios se acercaron y, cuando finalmente nos besamos, fue como si por fin, después de tanta tensión, el universo nos diera un respiro. El beso fue lento al principio, y luego, bueno... bastante prometedor. Pero claro, en la vida real, los momentos perfectos no duran mucho. De repente, escuché un estruendo en la entrada, como si alguien hubiera tropezado con un jarrón o algo. Antes de que pudiera apartarme de Víctor, apareció Mario en la sala, desaliñado, con papeles volando de sus manos y un brillo de emoción en los ojos. Estaba tan concentrado en su misión que ni se dio cuenta de que Víctor y yo seguíamos pegados el uno al otro. —¡Vicky, lo encontré! —gritó, como si h

