Cuando se iba, vio que los dos hijos de la familia Brook estaban despidiendo a Olivia. Tomas frunció el ceño mientras recordaba: —Olivia, debes acordarte de cambiar el vendaje de tu herida. No seas perezosa. ¿Okey? —Okey. Recordaré eso. —Olivia sonrió. —Eres muy dura. ¿Cómo no pudiste derramar ni una sola lágrima después de sangrar tanto? —Bueno, ya soy fea. Me veré más fea si lloro. —No, no eres fea en absoluto—. Mirando el rostro pecoso de Olivia, Tomas continuó con seriedad: —En mi corazón, tú y Mia son siempre las chicas más lindas de este mundo—. Olivia se quedó sin palabras al escuchar eso. Por otro lado, Maia se puso tan furiosa que ni siquiera pudo decir una palabra. Mia, que no podía verbalizar sus pensamientos, miró a Olivia y asintió repetidamente con la cabeza,

