—Solo estaba preguntando, abuelo—. Maia se rió entre dientes: —Si tienes algún documento que quieras destruir, puedes pasármelo si confías en mí. Me ocuparé de ellos por ti. Es peligroso para ti manejar el fuego. Déjame este tipo de trabajo a mí la próxima vez—. Tenía una sonrisa dulce e inocente mientras lo reprendía suavemente. Kenneth no habría creído que Maia inventaría una mentira tan grande para casarse con Max si no hubiera visto el resultado de la prueba de ADN con sus propios ojos. Presionó sus labios en una fina línea ante ese pensamiento. El marcado contraste entre su dulce sonrisa y la oscura intención subyacente hizo que su mirada se oscureciera. —¿Por qué me estas mirando? ¿Hay algo en mi cara?— —No.— Sacudió la cabeza. —Yo estaba pensando. Han pasado cinco años des

