—¿Me equivoco? Al menos Mia sabe expresarse cuando tiene hambre o dolor. A diferencia de ti, te lo guardas todo para ti. Incluso me pides que no me preocupe por ti. Su voz magnética era profunda y atractiva. Los ojos de Olivia comenzaron a brillar con lágrimas al escuchar esas palabras. —Max, puedo tener una buena vida bajo tu protección. Pero no quiero convertirme en una mascota—, expresó Olivia sus pensamientos. —Quiero poder mantenerme a mí misma. Quiero estar a tu lado con dignidad en lugar de vivir mi vida pensando en cómo complacerte todos los días—. —No importa lo duro que trabajes, recuerda que siempre estoy ahí para ti—. El tono de Max estaba lleno de afecto. —Mi patrimonio neto debería ser suficiente para mantenerte a ti y a los cuatro niños—. —Lo sé. Buenas noches.—

