Nunca podría olvidar el dolor o la pena por la que tuvo que pasar. —Mami, ¿puedo dormir contigo esta noche?— Una pequeña voz sonó de repente. Mia estaba en la puerta, abrazando un panda de peluche en una mano y una almohada en la otra. Al ver la dulce figura frente a ella, Olivia sintió que su corazón se derretía y estuvo a punto de estar de acuerdo. Sin embargo, antes de que pudiera abrir la boca, Max levantó a la niña. —Me temo que no puedes hacer eso esta noche,— susurró. —¿Por qué no?— Mia brilló con sus ojos de cachorrito y susurró: —Tengo miedo. Quiero acostarme con mami. Max razonó: —Tus tres hermanos mayores se pondrán celosos cuando descubran que molestaste a mamá, para acostarte con ella. ¿Qué harás entonces?— —Papá, ¿realmente se pondrán celosos?— —Hmm, si Toma

