—Bueno, no tengo nada de qué hablar con ella—. Jeanne se quedó desconcertada por un momento. Parecía renuente, y sus ojos se humedecieron ligeramente. —Señorita Blake, si no me sigues, la Sra. Maia me echará la culpa a mí—. Olivia escaneó la cara de Jeanne cuidadosamente. Ella no está fingiendo esas lágrimas. Olivia conocía la forma de trabajar de Maia. Su inocencia era una mera fachada, y tenía muchos trucos sucios bajo la manga. Esta asistente probablemente no era más que un peón para ella. —Bien. Iré. Jeanne asintió con lágrimas en los ojos cuando Olivia asintió. —Señorita Maia no está aquí. Tendrá que seguirme a la sede de la oficina, Sra. Blake. —Okey. Olivia frunció los labios mientras seguía a Jeanne y se subió a una minivan negra. —Aquí-— Jeanne se dio la vuelta

