La respiración de Olivia se alivió cuando vio acercarse a su hermana gemela. Con toda la arrogancia del mundo, los tacones altos de Maia crujieron sobre la grava mientras paseaba elegantemente hacia el lado del conductor del Hummer antes de tocar el vidrio y hacerle señas a Max para que bajara la ventanilla, indicando que quería hablar con él. A pesar de los repetidos golpes, Max se alisó la camisa arrugada sin intención de hacer lo que le pedían. Con la llama de su pasión rociada bruscamente con agua fría por Maia, su paciencia finalmente se había agotado. —Maia parece como si tuviera algo que decirte—. Olivia miró con incertidumbre a su hermana gemela. —Simplemente ignórala—, dijo Max con la misma voz tensa que las líneas en su rostro. Olivia frunció el ceño. —¿Está seguro?—

