Teniendo un deseo insaciable por ella, saboreó cada centímetro. Para poder besarla más fácilmente, la levantó de la silla y la colocó suavemente sobre la mesa del comedor. Su postura había cambiado, y la única constante era su beso, que era tan ardiente como siempre. Pronto, no se conformó con solo besar; quería más. —Livi, dado que ya estás llena, ¿no debería ser mi turno ahora?— Max preguntó con voz ronca. Olivia permaneció en silencio, sin saber cómo responder a su pregunta. ¿Sí? ¿No? No importa lo que responda, es vergonzoso. Mordiéndose el labio levemente, no respondió, pero aun así animó a Max. No pudo evitar meter su mano grande y cálida en su ropa. En ese momento, la mente de Olivia se quedó en blanco. Cada centímetro de su piel donde tocaba Max se volvió abrasa

