Al llegar la noche en la hacienda Walker la fiesta ya terminó y los invitados se fueron, ahora solo quedan la pequeña Carol Walker y Antonio Walker que terminaron de cenar y ya estaban preparándose para ir a dormir. Carol y Antonio se arrodillaron en el suelo junto a la cama de Carol listos para orar cuando de repente escucharon fuertes y desesperados golpes a la puerta de la habitación.
-Señor Walker, Señor Walker! -Gritaba Iban desde el otro lado de la puerta.
Antonio voltea a ver hacia la puerta al igual que Carol. Antonio se levantó del suelo poniéndose de pie y fue rápidamente hacia la puerta mientras Carol está aún arrodillada viendo hacia la puerta con una expresión de espanto.
-Iván ¿Qué te tiene tan agitado? -Le preguntó Antonio a Iván.
-¡Quilombolas cercaron la hacienda! Están invadiendo el lugar. -Le contestó Iván a Antonio con exaltación.
-Vamos. -Le dijo Antonio.
-¿Qué pasa p**i? -Le preguntó Carol a su padre.
-Quédate aquí, acuéstate y duérmete. -Le ordeno Antonio.
-Papi...
-Hazme caso, Carol. -Suplico Antonio a su hija.-Pase lo que pase no salgas de aquí.
Antonio salió de la habitación de Carol cerrando la puerta detrás de él ignorando el grito de su hija. Un grito que aunque intentó ignorar lo recorrió de pies a cabeza, aunque no fue solo una palabra; "¡p**i!".
-Son muchos? -Preguntó Antonio mientras bajaba las escaleras junto a Iván. Al llegar al recibidor ve a 10 empleados armados dentro de la casa incluyendo al capataz.
-No se preocupe señor, nosotros lo cuidamos. -Exclamó el capataz de hacienda.
-¿Los demás están bien? -Preguntó Antonio al capataz.
-Los demás están afuera señor, nosotros vinimos a cuidarlos en caso de que alguien logre ingresar. -Exclamó el capataz.
-Quiero que vayas a avisar al capitán Espinoza. -Le ordeno Antonio al capataz.-Ahora escuchen bien lo que van a hacer; 5 de ustedes vayan a cubrirlo los otros 4 quédense conmigo e Iván defenderemos la casa mientras los esperamos.
-No lo abandonaremos. -Objeto el capataz.
-No está a discusión, al menos uno de ustedes debe llegar y llamar a Espinoza necesitamos que vengan aquí rápido.
El capataz lo dudó un instante, pero sabía que Antonio tenía razón, aunque eran muchos en la hacienda su única esperanza era que el comandante los apoyara.
-Enrique, Aldo, Jose, Martino y Pedro, vengan conmigo! -Les dijo el capataz.
Antonio, Iván y 4 agentes se quedaron ahí para proteger la casa en caso de que alguien lograra entrar mientras el capataz y los demás salen de la hacienda y se van corriendo.
Afuera de la casa se desató una guerra entre los Quilombolas del Quilombo dos Santos contra los empleados y guardianes de la hacienda Walker los cuales aunque no llegaban a igualarlos en número si hicieron todo lo posible por defender la hacienda.
El capataz sabía que sería difícil, pero aun así se esforzó por salir de la hacienda mientras sus compañeros con los que había salido de la casa lo cubrían evitando que se acerquen los quilombolas a él. Algo que los ayudó bastante fue el hecho de que los quilombolas nunca usaban armas de fuego, las únicas armas que usaban eran cuchillos, espadas, hachas y piedras en algunos casos lo que les permitió poder escapar disparando a los que se acercaran.
Cuando el capataz logro salir de la hacienda con un caballo de color café él fue a toda velocidad a buscar al comandante y a sus oficiales. Otra cosa que los ayudó es que todos estaban defendiendo la casa y eso era algo que los quilombolas no entendían.
Si había esclavos maltratados ¿cómo es que ninguno se unió a ellos ni quiso escapar? Al contrario, defendieron la hacienda, eso es algo que desconcertó enormemente a Zumbi, pero no quedaba otra que seguir luchando y ahora a la defensiva pues ya habían muerto varios de sus compañeros.
Zumbi estaba confundido y desconcertado así que comenzó a intentar buscar a Jorge para que le explique que es lo que sucedió, el número de personas que peleaba con ellos era demasiado grande por lo que varios de allí debían ser esclavos. Lo que lo hizo llegar a la conclusión que claramente ellos no querían ser rescatados.
Jorge aprovechó el combate y se alejó intentando que nadie lo note, su objetivo no era pelear, lo que él quería era entrar a la casa. Para eso intentó usar la oscuridad de la noche y la distracción de los demás, pero no se percató de que a la distancia Zumbi lo observó escabullirse. Claro que Zumbi se encontraba ocupado en ese momento junto a los demás Quilombolas peleando contra los esclavos de la hacienda Walker.
Mientras el capataz llegó a la jefatura para buscar ayuda, él ingresó lo más rápido posible, casi corriendo por lo que chocó con un oficial haciéndolo tambalear y casi caer.
-Perdone. -Dijo el capataz intentando recuperar el aliento.
-No se preocupe. -Responde el oficial.
-Hugo ¿Qué pasa? -Le preguntó el capitán Espinosa al capataz al verlo.
-Necesitamos su ayuda, La hacienda Walker está bajo ataque! -Exclamó el capataz Hugo.
El capitán Espinosa dio un salto levantándose de la silla donde estaba sentado.
-¿Cómo bajo ataque?
-Quilombolas invadieron la hacienda, son demasiados y están atacando a todos! -Replicó el capataz Hugo.
-Ustedes quédense aquí a cuidar a los prisioneros. -Les ordenó el capitán Espinosa a los oficiales que estaban sentados junto a él en la jefatura. Rodeó su escritorio para ir a donde estaba el capataz Hugo.
-Iremos con todos los oficiales disponibles y los ayudaremos a proteger la hacienda. -Aseguró el capitán Espinosa.
En la hacienda las cosas iban de mal en peor y Carol podía sentirlo mientras estaba acostada en su cama. Se tapó la cabeza con las sábanas y cerró sus ojos en un intento por alejar los malos pensamientos de su mente, pero su temor era creciente. Juntando sus manos comenzó a orar pidiendo por qué su padre estuviera bien, mientras Antonio se encontraba custodiando la parte de la casa junto a la escalera que va a las habitaciones junto a Iván mientras el resto fueron a asegurarse de que no hubiera nadie en el resto de la casa. Pero Jorge logró apuñalar con un cuchillo a uno de ellos desde atrás cuando se encontraba distraído. Antes de que pudiera gritar Jorge le tapó la boca con su mano.
-No es nada personal, Martin. -Le dijo Jorge con una sonrisa
Martin lo observó de reojo mientras comenzaba a perder el conocimiento por lo que lentamente Jorge iba dejándolo caer al suelo hasta quedar inconsciente. Jorge no sintió una pizca de remordimiento al ver a Martin en el suelo, ni pensó en si lograría sobrevivir en lugar de eso simplemente limpio el cuchillo en el pantalón de Martin para luego volver a enfundarse en su cintura.
-Voy a necesitar esto. -Dijo Jorge tomando el arma que sostenía Martin.
En su habitación Carol seguía despierta, por más que quisiera no podía dormirse, ella estaba esperando a que su padre fuera a verla y dijera que todo estaba bien. Pero su preocupación crecía más a cada segundo al ver que el tiempo pasaba y su padre no volvía. Fue cuando hizo algo a lo que no estaba acostumbrada ni pensó que lo haría en algún momento; desobedecer a su padre.
No importaba si él se molestaría con ella después, tampoco importaba si la castigaba, lo único que para ella era importante en ese momento era asegurarse de que su padre estuviera bien. Ella se levantó de su cama caminó muy lentamente intentando no hacer ruido, paso a paso se dirigió hacia la puerta sintiendo la suave caricia de la alfombra en la planta de sus pies.
El camino de su cama a la puerta nunca se le había hecho tan largo, el tiempo transcurría muy lentamente para ella en ese momento. Podía sentir a su corazón palpitando velozmente mientras ella se acercaba más y más hacia la cuando
halago hasta que puso su mano sobre el picaporte de la puerta.
El capitán se dirige a toda velocidad hacia la hacienda junto a Hugo y los demás, la batalla continua con bajas en ambos grupos hasta que un grito de "Deténganse" hizo retroceder a los quilombolas. Zumbi los había hecho detenerse algo que ellos no entendían, pero obedecían sin dudar a su líder.
Zumbi no podía pasar por alto que ellos eran todos los que estaban en la hacienda, no había esclavos y si había esclavos ellos estaban enfrentándolos. Eso fue lo que más le llamó la atención y algo que no podía pasar por alto.
-No tienen que pelear con nosotros, venimos a salvarlos. -Replicó Zumbi.
-¿Destrozan todo y dicen que vienen a salvarnos? -Protesto a uno de los empleados de la hacienda apuntándole con su arma.
-Venimos a darles su libertad, nos dijeron que estaban siendo maltratados aquí. -Replicó Zumbi.
-¡Todos aquí somos libres! ¡Tenemos nuestra carta de libertad! -Objeto el empleado de hacienda.
-¿Qué hacen aquí entonces? -Pregunto Zumbi confundido.
-¡Nosotros trabajamos aquí! -Le respondió el empleado.
-No lo sabíamos, a nosotros nos dijeron que ustedes estaban siendo maltratados -Le contestó Zumbi confundido y apenado.
-¡Váyanse de aquí! Ahora! -Le dijo apuntándole con su arma.
Eso no tenía sentido ¿Todos eran libres en esa hacienda?
-Vuelvan al Quilombo todos. -Les ordenó Zumbi.
-Pero...
-Dije que vuelvan todos al Quilombo! -Repitió Zumbi firmemente.
Los quilomberos en silencio comenzaron a retirarse del lugar a excepción de Zumbi.
Carol salió de su habitación intentando no hacer ruido, pero el rechinido de la puerta no cooperó mucho con eso.
Antonio e Iván no llegaron a escuchar el sonido de la puerta, aun así Antonio sí pudo oír otra cosa que los hizo voltearse.
-Hola señorito Walker. -Dijo Jorge entrando donde él estaba con el arma en su mano.
Antonio al verlo inmediatamente levantó su mano para apuntar, algo que Iván que era algo que esperaba hacer hace bastante tiempo.
-¡Te dije que iba a matarte si volvía a verte aquí!
-Pero no va a poder, porque el que va a morir aquí va a ser usted. -Le dijo Jorge apuntando.
-El único que morirá vas a ser tú si no te vas! -Exclamó Iván apuntando también.
En ese momento entra Zumbi acompañado de dos empleados de la hacienda los cuales le apuntan a Jorge al verlo apuntando a su jefe.
-¡Esperen, nadie disparé! -Suplico Zumbi levantando sus manos. Su mayor sorpresa además de pensar de donde Jorge había sacado un arma de fuego en sus manos era saber si alguien más había resultado herido. Lo único de lo que él estaba seguro era de que necesitaba que todo termine lo más pronto posible para evitar que se derrame más sangre.
-Jorge baja esa arma ahora.
-No voy a bajarla, él debería bajarla. -Protesto Jorge con una sonrisa.-Los niños ricos no deberían tener armas.
-Tú y yo vamos a hablar muy seriamente cuando todo esto termine.-Le advirtió Zumbi a Jorge.-Baja esa arma ahora.
Zumbi llevó una mano a la funda de su cuchillo y lo observó serio, aunque tardó un poco en reaccionar Jorge bajó el arma de mala gana por lo que Zumbi se relajó y alejó su mano de la funda de su cuchillo.
-Señor, por favor usted también debe bajar su arma. -Le suplico Zumbi a Antonio.-Podemos hablarlo.
-¡No hay nada que hablar! ¡Quiero que se vayan ahora mismo de mi casa! -Objeto Antonio con rabia.
-Nos iremos, todo esto es un gran malentendido por favor baje su arma. Antonio lo ignora y continúa apuntando a Jorge igual que el resto de sus hombres.
-Me quedó claro que nadie es esclavo aquí, nos equivocamos. -Replicó Zumbi apenado y conmocionado.-Por Favor señor.
-Bajen sus armas. -Le ordenó Antonio a sus empleados mientras él también bajó su arma.
-Aquí ahí algo que todos tenemos que aclarar. -Dijo Zumbi volteando a ver a Jorge.-Dijiste que este señor era ruin y te había azotado casi hasta la muerte, pero no dijiste que nadie es esclavo aquí, todos tienen su carta de libertad.
-Me imagino que otra cosa que tampoco te dijo es porque lo azotaron. -Le respondió Iván a Zumbi volteando a ver a Jorge. Jorge volteó su mirada hacia un lado mientras Zumbi e Iván le dirigían miradas severas.
-¿No le dijiste? -Le pregunto Iván a Jorge en tono serio mientras Jorge sonreía de forma burlona.
-¿Qué fue lo que no me dijo? -Le preguntó Zumbi a Iván.
-Fue hace 11 años, pero los recuerdos y las imágenes en mi mente tan claras y frescas hacen que lo reviva cada instante como si estuviera pasando ahora. Sucedió cuando mi esposa estaba en su 8.º mes de embarazo. -Relato Antonio con los recuerdos de ese fatídico día muy frescos y claros en su mente lo que lo hace dirigir una mirada de repugnancia hacia Jorge. -Yo le di a este desgraciado su carta de libertad, le di trabajo y aprovechó una tarde que yo había ido a ver los cafetales para abusar de mi esposa embarazada.
Zumbi volteo boquiabierto a ver a Jorge quien volteo a ver a otro lado, no podía ni imaginarse que un m*****o de su Quilombo hubiera hecho algo así.
-Yo encontré a la señora, cuando lo hice estaba más muerta que viva. -Replicó Iván con tristeza.-Cuando llamé al señor Antonio ella nos contó lo que ese perro le había hecho. Eso adelantó su parto, nosotros tuvimos que recibir a su hija y no hubo tiempo ni de llamar al médico.
-Mi esposa murió con mi hija en brazos.-Agregó Antonio serio y con una lágrima rodando por su mejilla mientras observaba a Jorge.-Así que rompí su carta de libertad y lo a***e, debí haberlo matado.
Zumbi se acerca a Jorge serio y le habla al oído claramente sin susurrar;
-Sal de aquí ahora o te mato yo mismo. -Le dijo Zumbi a Jorge en tono serio.
-p**i, ¿estás bien? -Pregunto Carol bajando por la escalera.
Antonio se volvió rápidamente a ver hacia la escalera.
-Carol, quédate arriba! -Ordenó con temor de que ella bajara.
Jorge aprovechó ese momento de distracción para levantar su arma y dispararle a Antonio en su abdomen lo que lo hizo caer al suelo.
-p**i! -Grito Carol desde la escalera.
Zumbi usó un martelo (patada de capoeira) para derribar a Jorge, cuando Zumbi logró derribar a Jorge tomó el arma que se le había caído.
-Señorita, no vea esto. -Exclamó Iván soltando su arma para ir hacia donde estaba Carol intentando impedir que baje, pero era difícil ella gritaba y forcejeaba con él.
-Si te mueves te mato!. -Le gritó Zumbi a Jorge apuntándole con el arma.
Carol gritaba desesperada intentando ir con su padre que aún estaba consciente en el suelo mientras uno de sus empleados se fue corriendo a buscar al doctor.
-Lo siento mucho. -Le dijo Zumbi a Antonio apenado.
-Fuera de mi casa -Le respondió Antonio con su mano sobre su herida.
-Si, ya nos vamos, disculpe. -Le dijo Zumbi antes de salir corriendo del lugar.
Al salir de la hacienda Zumbi tuvo que correr y ocultarse, ya que estaba llegando el capitán Espinoza con sus oficiales.