Libro 1. Extra

2228 Words
A continuación os dejo el primer capítulo tal como yo lo escribí en su día cuando el libro aún se titulaba "Con el corazón roto" hasta que Stary me pidió hacer cambios (entre ellos pasar la historia a primera persona), y la primera propuesta de capítulo inicial que mandé tras solicitarme dichos cambios, la que por cierto fue rechazada: ____________________________________ "Con el corazón roto" Prólogo: Destrozada Los mechones negros se rizaban bajo el torrente de sus lágrimas. La cabeza caída hacia delante, reposaba entre sus manos, que se turnaban para sujetar el pelo de sus sienes y tapar sus ojos n***o azabache. Los hombros hundidos se movían por el temblor que le ocasionaba su llanto. Su piel aceitunada brillaba exóticamente bajo la luz de la luna que se filtraba por la ventana del dormitorio. —Oh mi niña, vamos ... Levantó la mirada para poder ver a su amiga. —Pero .. es que ... no lo ha visto ... y ... —Tranquila cielo, con tanto llanto casi no te entiendo. Pasaron unos minutos en silencio hasta que se calmó lo suficiente para poder hablar. —Ay Elena —soltó un suspiro desesperado— me ha dejado ... —¿Cómo que te ha dejado? —Si Elena, ha sido esta mañana. Juan me ha llamado para que llegase al hospital media hora antes de la reunión del departamento de Ginecología y Obstetricia diciendo que tenía una urgencia y que necesitaba la ayuda de otro ginecólogo —Hizo una pausa para calmarse, pues las lágrimas amenazaban con volver a inundar sus ojos—. En cuanto he llegado he bajado a quirófano pero estaba vacío. Entonces he subido a urgencias y tampoco había nadie, en consultas tampoco y... no... —El llanto ahogó sus palabras de nuevo. Elena se sentó junto a ella. Sabía que si la decía que no se lo contará si no estaba preparada su amiga se sentiría mucho peor. Jacqueline necesitaba desahogarse contándolo todo a una buena amiga, por lo que le puso una mano en su hombro y esperó sin decir nada. —Verás, —prosiguió Jacqueline— al no encontrar a Juan me dirigí a su despacho y allí estaba. Lógicamente le pregunté por la urgencia y me dijo que no existía ninguna urgencia, que me había llamado para hablar conmigo. Puedes imaginar mi cara de asombro, pero me quité la bata y me senté frente a su escritorio con una sonrisa creyendo que quería darme una sorpresa. »Y vaya si me la ha dado —soltó un suspiro—. Me ha soltado que ya no tenía sentido nuestra relación, que llevaba un tiempo pensando en ello y que por fin había llegado a la conclusión de que en realidad no funcionabamos bien como pareja. Los ojos de Jacqueline se desplazaron hacia la distancia a través de la ventana. —Lo siento mucho cielo —dijo Elena. —¿Sabes qué es lo peor? Apenas faltaban unas semanas para la preboda, y en tan solo cuatro meses ya habríamos pasado por el altar. Jacqueline comenzó a examinarse los pies descalzos, que se estaban empapando de nuevo con las lágrimas. —Mi niña, es un canalla —dijo Elena. —Bueno, al menos ha tenido el valor de decírmelo en persona —Jacqueline se encogió de hombros y mostró una sonrisa sarcástica. —Levántate. —Elena no me apetece. —Vamos nena, ven, ponte frente al espejo. —Debo estar ridícula con los ojos rojos y ... —¡Jacqueline arriba! —dijo Elena mientras encendía la luz. Rápidamente, Jacqueline se levantó y se acercó al espejo arrastrando los pies. La mujer del espejo tenía los ojos rojos e hinchados, el pelo n***o enmarañado a la altura de las sienes, donde ella llevaba toda la tarde ahogando su frustración a base de tirones para tratar de mitigar el dolor, con algunos mechones pegados a ambos lados de la cara que se rizaban por estar mojados. —Estoy horrible, doy pena —Un nudo le atascó la garganta y tuvo que luchar para hacerlo bajar de nuevo— no me extraña que Juan me haya dejado con lo fea que soy. Elena se acercó a ella y le aparto los mechones de la cara —Mira tu cuerpo, tus piernas son largas y delgadas. Tus ojos n***o azabache son preciosos. Tienes un vientre plano, una cintura bonita. Tienes una cara preciosa, una melena suave y brillante y… ¡mira qué busto! —Sí, me operé porque quería gustarle más a Juan, nada exagerado. Sólo tener el pecho firme y en su sitio, un pequeño implante de silicona debajo del músculo y ¡Voilá !, un pecho bonito y de aspecto totalmente natural, incluso al tacto. Pero ... —¿Pero? —Juan ni siquiera lo ha notado. Y eso que siempre miraba embobado los escotes de todas las demás… —Nena, tienes unos pechos bien turgentes —dijo Elena—. Al hombre que consiga hacerse con eso o le da un infarto o lo vuelves loco. Jacqueline se contempló pensativa en el espejo. La verdad es que estaba muy contenta con el resultado de su operación y Juan no se merecía que a ella dejara de gustarle. Se ajusto la camiseta del pijama y, al no llevar puesto sujetador, constató una vez más que había quedado perfecto. Elena la giró suavemente para que se pusiera de perfil y le dio una palmada en el trasero. —¿Esto no ha sido operado verdad? —No —a Jacqueline se le escapó una risita. —Y aún así, míralo. Terso, firme, incluso duro. —Supongo. —Amiga, eres preciosa y si el tonto de Juan no lo ve ese su problema. ¿Por qué no disfrutas con lo que te apetezca? Él ni siquiera merece tus lágrimas. Jacqueline se miró en el espejo de perfil, de frente e incluso de espaldas. —Tienes razón, si Juan no sabe valorarme será porque no me merece. —Vamos a hacer una cosa: date una ducha, vístete y arréglate. Esta noche vas a acompañarme a casa de Andrés y no, no acepto un no por respuesta. Andrés, Andy cómo le llaman todos, es el compañero de trabajo de Elena y su mejor amigo. —Andy lo está pasando realmente mal —explicó Elena—. Hace una semana encontró a su mujer con otro hombre, le estaba poniendo los cuernos. El pobre está destrozado, he conseguido que me invite a cenar esta noche para tratar de animarlo. —¿Te ha invitado? Pero a mí no me espera —dijo Jacqueline. —Digamos que me he autoinvitado con su consentimiento y tú también necesitas ánimo, así que te vienes conmigo. —Pero ... —No hay peros que valgan, conozco bien a Andy y sé que no le importará. Esta noche cenamos los tres en su casa. »Ale venga, a la ducha —dijo Elena, empujando suavemente a Jacqueline hacia el baño, dando de esta manera por zanjada la discusión. _____________________________________ "Las conquistas de Jacqueline" Propuesta para capítulo 1 1. v****a de silicona ¿Una v****a de silicona? ¿Pero cómo narices me las he apañado para encontrar algo como esto? Ni en mis peores sueños me habría imaginado encontrarme algo así... Desde luego, estas cosas solamente me pasan a mí. A nadie más que a mí se le podría ocurrir rebuscar en el armarito del lavabo de una casa ajena por la vergüenza que me daba pedirle al dueño papel higiénico. Y de entre toda la multitud de cosas que alguien puede guardar en el mueblecito del baño, ¡he tenido que encontrarme precisamente una v****a de silicona! Es cierto que esto que acabo de encontrar estaba debidamente cubierto por una pequeña toalla, pero mi mala suerte ha hecho que la pequeña toalla se me quede enganchada en el dedo al ir a sacar el rollo de papel higiénico, desvelando el objeto que había debajo. Si es que, ¿quién me mandaría a mí aceptar la proposición de Elena de venir a cenar a esta casa? ¿Sabrá ella lo que su mejor amigo esconde en el baño? Cuando hace un rato he visto lo buen cocinero que es Andrés y lo deliciosos que están sus platos me ha parecido un tipo de lo más normal y muy interesante, además me ha parecido amable, atento y buen conversador, pero estaba muy lejos de imaginar lo que el tipo escondía en un mueblecito un par de puertas más allá. ¿Qué tipo de depravado guarda una v****a de silicona donde todo el mundo puede encontrarla? Bueno vale, todo el mundo no, solamente una intrusa como yo que prefiere fisgonear en los armarios de los demás en lugar de superar su vergüenza y pedir un nuevo rollo de papel higiénico como haría una persona normal... Ahora no estoy muy segura de qué pensar sobre el mejor amigo de Elena, ¡si ni siquiera tengo una idea consolidada sobre los hombres que practican sexo con v*****s de silicona...! ¿Qué los motivará? ¿Por qué preferirán utilizar ese objeto artificial en lugar de practicar sexo con una mujer de carne y hueso que, estoy segura, les dará mucho más placer? Alargo la mano para tocar la v****a de silicona con el dedo índice solo por curiosidad, tiene un tacto suave y al mismo tiempo firme, pero muy extraño. No es piel humana y, evidentemente, debajo no hay músculo ni huesos, pero lo cierto es que se le parece muchísimo, y eso sumado al diseño realista que tiene la hace parecer una feminidad real. ¿Será real feel como muchos de los objetos que se compran en los s*x shops? Yo nunca he estado en un s*x shop, pero Elena siempre ha sido muy promiscua y nunca ha tenido ningún reparo en contarnos a Mónica y a mí los pormenores de sus encuentros sexuales, así como la cantidad de juguetes sexuales que, o bien se ha comprado en ellos, o bien se va a comprar. Bueno, pues voy a salir de dudas, a ver si esta v****a de silicona es real feel. Total, estoy sola en el baño con el pestillo echado y aquí nadie puede verme. Además, seguro que nunca vuelvo a tener una oportunidad como esta, pues estoy completamente segura de que no voy a volver a ver una v****a de silicona tan de cerca nunca más en la vida. Por eso mismo introduzco el dedo índice y el corazón en la cavidad de la falsa feminidad. Lógicamente, no lo hago por morbosidad insana ni nada por el estilo, lo hago porque soy ginecobstetra y estoy más que acostumbrada a realizarles tactos a mis pacientes, lo único que quiero comprobar es hasta qué punto esta copia se parece al original. La verdad es que la rugosidad del interior de esta v****a imita perfectamente la fibromusculatura elástica de una v****a real, lo único que no tiene este objeto artificial es la humedad que, por norma general, presentan todas las mujeres en su intimidad, ni el calor que desprende una v****a humana, que siempre oscila entre los 35,5 y los 37,2 grados centígrados. La verdad es que este objeto está muy frío en comparación, lo cual es normal teniendo en cuenta que estamos en invierno y que la temperatura en la calle ronda los cinco grados. Lo primero seguro que se arregla con un lubricante y lo segundo... ¿Metiéndola un rato en agua caliente? ¿Calentándola en el microondas? La verdad es que no tengo ni idea... Bueno ya, me parece a mí que he bebido demasiado vino por hoy y ya me estoy pasando de cotilla... ¡Si a mí no me gusta fisgonear en las casas de los demás, por Dios! ¡Y mucho menos en sus armarios! Además, sé que no es nada higiénico tocar la v****a artificial con las manos desnudas como estoy haciendo, siendo doctora y ginecobstetra sé perfectamente la cantidad de gérmenes que se pueden acumular en las manos, incluso después de lavarlas. Mejor vuelvo a tapar la v****a de silicona con la pequeña toalla, tal como estaba cuando la he encontrado para que el dueño de la casa no se dé cuenta de que la he estado tocando, pues estoy segura de que ese objeto se puede considerar íntimo y personal y no creo que le haga mucha gracia lo que he estado haciendo. Claro que, una cosa tengo muy clara: ¡yo en esta casa no me quedo un solo minuto más! Ahora mismo voy a salir ahí fuera y le voy a decir a Elena que me tengo que ir inmediatamente con cualquier excusa, una urgencia en el hospital por ejemplo, y voy a salir de esta casa echando leches. Y si al dueño de ese objeto del demonio que he vuelto a tapar con la pequeña toalla no le vuelvo a ver en mi vida, mejor que mejor. ¿Qué? ¿Que quieres saber cómo he acabado en esta situación? ¿Que no me puedo ir de esta casa sin habértelo contado absolutamente todo? Pues verás, cuando me he levantado esta mañana para ir a trabajar… _____________________________________ ¿Cuál de los tres capítulo 1 para el mismo libro te ha gustado más? Te invito a dejarme un comentario para decirlo. A continuación hablaré sobre "Sr López, culpable"
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