Capítulo 5. El Agua Fría

1002 Words
Hace un tiempo escuché, en uno de esos videos de salud, hablar de una terapia con agua helada. Básicamente, se trata de sumergirse en una bañera, tina o como quieran llamarlo, a veces muy elaborada o en ocasiones algo improvisada, con hielo y agua, más hielo que agua. Debes permanecer allí por un espacio de tiempo, a veces cinco minutos, a veces diez, y los más osados logran permanecer allí por treinta minutos. No sé si esto del tiempo influye en la efectividad o no de la terapia. Tampoco lo voy a buscar, porque ustedes pueden googlearlo y encontrar con facilidad la terapia que se adapte a sus necesidades. Para mí, nunca fue una opción. Solo de pensarlo, sentía un dolor de cabeza como una gran punzada que se irradiaba por mis brazos hasta llegar a mis piernas. En ocasiones, tuve que bañarme con agua un poco fría. Teniendo en cuenta que vivo en una ciudad donde la temperatura oscila entre los 25 y 30 grados centígrados, no se puede hablar de frío en realidad. Pero mi cuerpo no lo toleraba de una manera normal. Salía de la sala de ducha con dolor y escalofríos. Sentía como todo se paralizaba y debía correr a cubrirme con una manta gruesa mientras esperaba en la cama a que la temperatura de mi cuerpo se regulara y pudiera moverme. En fin, no era una opción definitivamente para mí, o por lo menos no lo fue en mucho tiempo. En medio de un gran cambio, cuando emigré y tuve que afrontar muchas situaciones, encontré la bondad del agua caliente, algo que en mi ciudad no era de considerar. He disfrutado de un año completo bañándome con agua caliente, tan caliente que mi cuerpo se enrojecía por el contacto con la alta temperatura y eso me hacía muy feliz. De nuevo, el agua fría no era una opción de ninguna manera, mucho menos ahora que tener agua caliente está al alcance de un movimiento de llave de ducha. Eso era mucho más que una bendición. Entonces, un día, casi como en un cómic, me encontré en una situación inesperada. Había leído y escuchado más sobre los beneficios de la terapia con agua fría: desde la mejora de la circulación, el fortalecimiento del sistema inmunológico, hasta la reducción del estrés y la inflamación. Decidí que quizá, solo quizá, podría intentarlo. La primera vez que lo hice fue un desafío monumental. Llené una tina con agua fría y añadí hielo. Al principio, solo metí los pies. Sentí un choque eléctrico recorrer mi cuerpo, pero traté de concentrarme en mi respiración. Poco a poco, me fui sumergiendo más. Al final, logré estar completamente sumergido durante tres minutos. Salí de la bañera con los dientes castañeteando, pero sentí una oleada de energía y claridad mental que no había experimentado antes. A medida que continuaba con esta práctica, mi tolerancia al agua fría mejoró. Lo que al principio parecía una tortura, se convirtió en una experiencia revitalizante. Comencé a notar cambios en mi cuerpo y mente: menos dolor muscular, mejor estado de ánimo y una mayor resistencia al frío en general. Hoy en día, alterno entre baños de agua caliente y sesiones de terapia con agua fría. He aprendido a apreciar los beneficios de ambos. El agua caliente sigue siendo mi refugio de confort, pero el agua fría ha añadido una nueva dimensión a mi bienestar. Es un recordatorio constante de que, a veces, enfrentar lo incómodo puede llevar a grandes recompensas. Al final, lo importante es encontrar lo que funciona para cada uno. Ya sea agua caliente, fría o una combinación de ambas, el agua tiene un poder increíble para sanar y revitalizar. Lo que comenzó como una curiosidad se ha convertido en una parte esencial de mi rutina de autocuidado, y no puedo imaginar mi vida sin esta dualidad de temperaturas. Entonces, aquello que yo jamás imaginé realizar, luego de un esfuerzo y salir de mi zona de confort, se dio y sé que seguirá pasando, porque ahora mismo, ya sé que puedo lograr muchas cosas que en algún momento ni siquiera consideré. No voy a negar que el miedo, a veces me limita, pero sigo intentando, a veces con agua no tan fría, a veces desde pequeñas decisiones. Lo cierto es que, la metáfora del agua fría, es más como un iceberg de cosas que pensé nunca llegar a atravesar, cuando a veces solo necesito rodearlo y en otras, escalarlo no es tan difícil como se supone. Una razón más para continuar soltera, es esta mismo momento en el que me doy cuenta que toda la vida he subestimado mi fuerza y he minimizado mis acciones como simples decisiones cuando en realidad son los pasos que me han llevado a ser lo que soy. Quíen soy? Soy una mujer que muy a pesar de vivir con dolores constantes, a diario se despierta con la vision de dar lo mejor de si para los que la rodena, una mujer que sin esperar nada a cambio, siempre va regalando sonrisas y apoyo. Soy una mujer que se ilusionó con la lealtad muchas veces, pero que ahora mismo, sabe que solo se es leal a ella misma y de nadie más espera lo mismo. Al final cada cual da de lo que tiene en su corazón. Las frustraciones y el fracaso no me generan temor por que ahora siento que todo puede ser superado con la misma persistencia con la que logré resistir el agua fría. En ocasiones será el iceberg en otras más un cubo de hielo adentro de mi vaso de agua nocturno. Pero siempre estará allí y yo siempre estaré aquí para superarlo con la convicción de hacerlo, pronto, más tarde o en algún momento. Y aunque para este momento del capítulo, probablemente estaremos en el segundo o tercer mes de mi proyecto 365DR, puedo confesar que sigo en este camino que parece ser más dulce de lo que suponía. Y tu? Ya sabes quien eres? Me lo cuentas?
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