Sé que hace mucho que no estoy por aquí y probablemente anhelen saber que está pasando en la vida de esta mujer que decidido relatar las más inspiradoras y menos reales razones para permanecer soltera por 365, recordando por sugerencia de quién. Ahora puedo decirles que si que voy en el mejor camino, tal vez no he tomado las mejores rutas pero me encuentro en la dirección correcta... o eso creo. Total, estamos acá nuevamente y antes de entrar en materia quiero recordarles que este libro hace parte de una experiencia personal que no tiene por que ser ni remotamente cercana a la vuestra, aunque mucho se le parezca. Por lo tanto, las decisiones que en su mayoría son erróneas, que he tomado, no tienen por que ser replicadas, mejor dicho, como dicen por hay, "No intentarlo en casa".
Y se preguntarán entonces, cual es el sentido de este proceso y la necesidad de hacer libro, bueno, sin mayor extensión debo reconocer que es por la monetización, soy una mujer con necesidades económicas de millonaria y sueldo de mendiga. Es broma, sé que lo entienden. El punto de este proceso es mostrarles que la realidad es muy diferente a la que promueven en los canales y r************* donde la soltería se ve como un encuentro con en Buda interior y con la conexión de chakras (que ni sé donde los tengo, mucho menos podré conectarlos). Es la necesidad que tengo de mostrarles que también desde los fallos se puede llevar un proceso, aprender y ayudar a quienes puedan estar en condiciones que requieran más asistencia que la mía, ha decir verdad, creo que soy el ejemplo claro de caer bajo y más bajo, intentando ser soltera.
Dejando esto muy evidente, vamos con el día - razón ocho: La ruta incorrecta, la estación más próxima
Intentando ponernos un poco en contexto, les contaré mi experiencia con el sistema de trasporte francés. Antes de mi salida de Colombia, no recuerdo la última vez en la que tomé bus, o algún trasporte público que no fuera taxi o Uber, en el hipotético de que mi auto estuviera siendo usado por mi ex pareja o en alguna reparación. En fin, a lo que me refiero es que al llegar a la capital francesa, me enfrente con una de las cuantas situaciones que no sopese antes de tomar la decisión de salir de la comodidad e mi zona de confort, el sistema de trasporte público en francés, con conexiones, metros, trenes, buses. Todos estos personajes tienen nomenclatura o nombre de dirección, no es como cuando en mi ciudad sabía que el único bus que pasaba enfrente de la casa, me dejaba en el centro de aprendizaje, en la zona mercantil y en los hospitales, todo en una sola ruta. Aquí no, y doy gracias a la vida por que apareció esa aplicación a la que le dabas la dirección y rastreándote, te daba los pasos a seguir para llegar, pero a ver, no es que fuera pan comido, por que el pan no estaba tan suave.
Los buses por ejemplo tienen ruta de ida y regreso y si, yo me perdía por eso, por que siempre tomaba el bus en dirección contraria y tenía que devolverme para cambiar de destino, el problema radica en el tiempo entre que yo me subía en la estación equivocada y lograba darme cuenta que iba en dirección contraria. Mi distracción tiene una explicación, siempre intenté estudiar o leer el idioma para mejorar la pronunciación y esos momentos en el sistema de trasporte, eran los únicos y los justos para hacerlo. Continúo con el suceso, entonces siempre que eso pasaba, que tomaba la ruta correcta, debía bajarme y buscar la estación más próxima y cambiar de bus, pero esto requiere más tiempo de espera y más pasos por dar, lo que se traduce en baja energía al llegar a trabajar y claro que si, menos tiempo o en ocasiones, llegando tarde, lo que por nada del mundo le agradaba a mi muy exigente jefe.
Entonces, el día de lluvia, para las celebridades navideñas, cuando los apartamentos debían estar puntuales e impecables, me sucedió una tantas de esas perdidas. Mi jefe esperaba por mi en la puerta del lugar con una cara de pocos amigos, cosas de limpieza y un sobre.
- No estás bien, todo en ti no está bien.
- Fue una sola vez, no volverá a pasar.
- No, eso no es verdad. Desde que te divorciaste estás tan perdida que no logras ni llegar a tiempo a trabajar. Lo siento por ti, pero no podré darte más apartamentos hasta que no pueda confiar en tu trabajo.
Asentí y me adentre, con las lagrimas apunto de salir, pero con la intención de retenerlas tanto como fuera posible por lo menos mientras ella se va. Cuando al fin lo hizo, sentí como la llave de mis ojos se abrió y las lagrimas salían sin permiso, sin esfuerzo y sin retención. Ellas fueron las reinas del lugar ese día, yo solo era el medio de trasporte para su momento de desdicha, uno que logro instalarse todo el día, para que lo sufriera y reviviera como el evento magno de mi vida.
Si, ella era mi jefe, pero no tenía por que dar su opinión sobre mi, mucho menos después del divorcio. Eso me molestaba tanto que me cuestionaba enojada, el por que no me bajé del bus cuando vi que tomé la ruta equivocada. Este pensamiento me apuntaló todo el día y me lastimó con juicio y fervor.
- Debí bajarme a tiempo, caminar antes que tomaran la intersección y regresar caminando.
- Pero ya no lo hiciste - Mi compañera de trabajo está aquí por solicitud de mi jefe, para que el apartamento pueda estar limpió a tiempo, lo que me parece en excesivo, pero no intentaré discutir.
- La próxima...
- No habrá próxima por que no tienes agendadas limpiezas por el resto del mes, la jefe habló conmigo y yo ni sabía como decirte. Me duele verte tan despistada y me duele más que ella no entienda por lo que estás pasando. Solo puedo darte mi apoyo y recordarte que también a veces en la vida, es mejor bajarse del bus cuando notas que vas en la dirección contraria. Este bus no es el tuyo, pero lo encontrarás.
No hay nada más que decir al respecto, ella ganó y no estamos compitiendo, solo ella ganó y yo ni siquiera tuve momento para defenderme. Desde que me casé supe que ese bus no tomaba la dirección que yo esperaba pero por alguna razón espere por si desviaba el camino, finalmente le detuve y diez años después, decidí divorciarme. Pero hasta ahora, hasta hoy, puedo decir que entendí que el problema no era el bus, el conductor, la ruta, el problema era mi falta de valentía y mi impotencia. Ahora, que me he bajado de otro bus, el bus de mi trabajo, puedo concluir que no hay nada de malo en empezar en la estación más próxima, lo realmente malo es insistir en continuar en un ruta errónea y culpar una y otra vez al conductor por no llevarte a donde tu vas.