Capítulo 11

1624 Words
Jenna acercó su boca a mi oído y susurró lo más bajo que pudo para que su madre no pudiera oírla. —Fóllame, papi. —susurró con urgencia. —Fóllame ahora mismo.— Echó la cabeza hacia atrás y me miró a los ojos, luego metió la mano entre las piernas y sujetó mi polla con sus suaves y pequeñas manos, acariciándola y llevándola hacia su coño. Llevar los brazos hacia el centro tuvo el efecto de empujar sus grandes pechos uno contra el otro, creando otra vista tentadora de su enorme escote. La abundante carne de sus tetas se ondulaba y se sacudía con cada movimiento de sus manos sobre mi vara. —Estoy tan mojada por ti, papi. —me instó. —Estoy tan lista. Podrías follarme ahora mismo, papi, delante de mi madre. Solo méteme la polla, papi. Sé que quieres mi coño, papi. ¡Por favor, fóllate a tu hijastra! ¡Fóllame delante de mi madre!— Quería follármela. ¡La deseaba con todas mis fuerzas! Su cuerpecito adolescente, maduro y voluptuoso, estaba completamente abierto para mí. Mío para tomarlo. Mío para poseerlo y follarlo. Su blusa estaba desabrochada y abierta, y sus impresionantes, enormes y suaves pechos se movían con cada movimiento de sus manos bombeando mi polla. Llevaba la falda subida hasta su delgada cintura, y la punta de mi polla rozaba la entrada de su coño. Las piernas de Jenna seguían envueltas alrededor de mi trasero, y las usaba para atraer mi pelvis hacia ella. Bastaría con un ligero empuje de mis caderas para que mi polla penetrara en su apretado y húmedo éxtasis. A unos cuantos metros de distancia, mi esposa estaba tarareando la canción principal de algún programa de televisión tonto. Pero me contuve. Aún quería esperar hasta recibir el informe médico que confirmara que mi promiscua hijastra, que saltaba de cama en cama, estaba libre de enfermedades de transmisión s****l. Además, por mucho que estuviera desesperado por tomar su coño y reclamarlo como mío, sabía que mi control sobre ella aumentaba con cada día que me deseaba sin conseguir satisfacción. Le sonreí y, sin decir palabra, negué con la cabeza. Ella gimió y se mordió el labio, y luego susurró de nuevo, con más urgencia aún. —¡Por favor, papi! ¡Por favor, fóllame!— Saqué una cuchara del cajón y tomé una muestra de la salsa hirviendo. Unté un poco en cada pezón y luego los lamí hasta dejarlos limpios. Al levantar la vista, vi que Jenna tenía la cabeza inclinada hacia atrás; el arco de su espalda hacía que sus prominentes pechos sobresalieran aún más. Tenía los ojos cerrados y una sonrisa triunfal en su boca mientras me pasaba la mano por detrás de la cabeza, me rodeaba el cuello con los dedos y me acercaba a su pezón. —¡Pruébalo, papi! ¡Pruébalo! ¿Verdad que está rico?— gritó, tan fuerte que su madre lo oyó. Se rió entre dientes y tembló mientras yo mordisqueaba su teta, apretando la cabeza contra su pecho. —¿Qué te parece, papá?—preguntó mi esposa desde la habitación de al lado. —¿Está rico?— —¡Está delicioso!— respondí. Tomé otra cucharada de salsa y se la di a Jenna. Nos besamos, haciendo girar la cucharita de salsa de tomate en la boca. Jenna volvió a hablar, lo suficientemente alto para que su madre la oyera. —¡Qué rico está esto, papá!— dijo. —Pero creo que también me gustaría un poco de salchicha. — —¿Qué te parece, Mary?— le pregunté a mi esposa. —Tu hija quiere salchicha. ¿Se la doy?— —Claro, cariño. Dale todo lo que quiera.— —Si tú lo dices.— Fui al refrigerador, saqué un par de salchichas, las corté y las añadí a la salsa. Luego volví con Jenna. Me di cuenta de que mi hijastra esperaba que por fin le metiera mi enorme polla de papá. En cambio, la tomé por los hombros, la bajé de su asiento en la encimera y la puse de rodillas. Jenna estaba cara a cara con la polla de su nuevo amo. Aún mirando hacia la sala y a mi despistada esposa, le dije: «Prueba la salchicha de tu papi, Jenna. Dime qué te parece». Jenna empezó a sorber y a azotar ruidosamente mi polla hinchada. —¡Está delicioso, papi! ¡Podría comerme tu salchicha todos los días!— Mary rió entre dientes en la habitación de al lado. —¿Todos los días, Jenna? ¿De verdad te apetece salchicha todos los días?— —¡Dios mío, mamá! ¡Me encanta!— Sonreía como un loco mientras sujetaba la cabeza de mi hijastra con ambas manos, guiándola mientras le follaba la boca. —¡Tu hija se va a comer mi salchicha todos los días, Mary! —exclamé. Arqueé la espalda y eché la cabeza hacia atrás, riendo. —¡Ja! ¡Todos los días! ¡Cómetela, Jenna! ¡Cómetela!— Jenna me miró a los ojos, con su preciosa boca adolescente llena de polla. —¡Mmm! ¡Mmm!— No podía parar de reír mientras penetraba y salía. Bombeaba mi pelvis contra su boca al mismo tiempo que mis manos controlaban su cabeza por completo, empujándola violentamente hacia adentro sobre mi vara una y otra vez. —¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!— Mary se giró y me miró, pero su vista en la penumbra era terrible, y además no podía ver a su hija soplándome por debajo del nivel del mostrador. —Danny, ten cuidado con darle demasiado a Jenna. —dijo. —Asegúrate de que haya suficiente para la cena. — —No te preocupes, cariño. —dije, intentando contener la respiración y suavizar el tono de voz mientras forzaba mi polla dentro y fuera de la garganta de mi hijastra. La garganta de Jenna empezó a hacer ruidos rítmicos de —¡Gugg! ¡Gugg! ¡Gugg!— —Tengo mucha salchicha para las dos— Mis manos en la nuca de mi hijastra usaban su boca como si fuera la cavidad para su pene. —Está bien entonces.—dijo Mary. Jenna apartó la boca de mi polla un instante y dijo. —¡Es tan bueno, mamá! ¡Es tan largo! ¡Tan delicioso! ¡Sabe tan bien! ¡Oh!— -- ¡Sorbo! -- —¡Joder, mamá!— —Ahora, Jenna. —advirtió su madre. —¡Cuida tu lenguaje!— —¡Mmm! ¡Mmm!— —¡Y no hables con la boca llena!— Mary permaneció en el sofá a pocos metros de distancia, con sus gafas oscuras casi impenetrables. Se giró hacia el otro lado para ver lo que para ella eran las imágenes borrosas y confusas de una repetición de la televisión. Jenna tenía arcadas incontrolables. —¡Sí!— grité. Empujé mi polla dentro y fuera de la boca indefensa de mi hijastra. —¡Trágate esa carne, Jenna! ¡Lámela! ¡Mastícala! ¡Cómete mi salchicha larga y gorda!— Tenía las manos a ambos lados de las sienes de Jenna y los dedos enterrados en su pelo n***o azabache. Jenna tenía ambas manos alrededor de mi m*****o y su boca estaba completamente estirada intentando absorber la cabeza hinchada. Las lágrimas brotaban de sus ojos y resbalaban por sus mejillas. Sus hermosos ojos gris pálido estaban muy abiertos y sus cejas se alzaban quejumbrosas, casi suplicantes, mientras embestía mi polla dura dentro y fuera de su linda boquita de adolescente. Fue un éxtasis, aún mejor por el hecho de que mi ingenua esposa estaba a sólo unos metros de nosotros mientras yo bombeaba mi polla dentro y fuera de la dulce garganta de su hija. —¿Es ella una buena ayudante, Papá Caballo Gallo?— preguntó Mary desde la otra habitación. —¡Oh, sí! ¡Sí, es genial!— Finalmente llegué a mi orgasmo. Apreté la cabeza de Jenna más profundamente contra mi m*****o, provocándole arcadas. —¡Prueba la salsa, Jenna! ¡Prueba la salsa!— grité. El semen empezó a salir a borbotones de mi polla, directo a la boca cautiva de Jenna. Aflojé la presión sobre la cabeza de Jenna y ella cayó un poco hacia atrás, provocando que mi siguiente chorro de semen le aterrizara directamente en la cara. A medida que me corría, más y más chorros salpicaban sus mejillas, su nariz, sus labios, su cabello. Estaba empapada en mi semen blanco. Un momento después, me solté por completo y Jenna se desplomó en el suelo, completamente agotada. El semen le goteaba de la boca y le caía sobre las tetas expuestas. Un par de gotas blancas y perladas cayeron al suelo de baldosas. Me miró con la cara salpicada de semen. Su boca estaba abierta, aturdida. Apenas podía enfocar la vista. Sumisamente, extendió la mano y acarició mi pene, que se estaba ablandando, la fuente de su placer. —Buena chica. —susurré, y le di una palmadita a mi muñeca s****l en la cabeza. Jenna respondió besándome la punta del pene con gratitud. Me acerqué a las perfectas tetas de Jenna, del tamaño de un melón, y recogí un poco de semen con un dedo, para luego dárselo a la boca. Sus labios se fruncieron alrededor de mi dedo, y sonrió al sabor, incluso mientras sus ojos se pusieron en blanco por un momento antes de cerrar los párpados en éxtasis. Las comisuras de su boca se curvaron hacia arriba en una sonrisa mientras seguía chupando la masa de mi dedo. —La cena estará lista en unos minutos— canté alegremente hacia la habitación contigua.
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