Capítulo 7

1641 Words
Hice una pausa antes de volver a azotarla. —Por favor, ¿Qué?—pregunté Jenna gimió algo inarticulado. Bajé la mano sobre los redondos globos de su espectacular trasero, pero en lugar de volver a azotarla, la posé sobre su trasero. Mi dedo empezó a serpentear hacia su coño. Mi mano izquierda recorrió su teta tras teta, acariciando su increíble cuerpo. Tener a esta pequeña pero voluptuosa belleza tumbada sobre mi regazo era fantástico. Tenía acceso a todo su cuerpo y la controlaba por completo. —Por favor, papi, no me pegues más. Voy a estar bien. —gimió. —¿Y qué significa "bien" ?— pregunté. Mi dedo empezó a bombear dentro y fuera de su v****a. Jenna empezó a mover su trasero de arriba abajo al ritmo de mi dedo explorando su coño. Metió un brazo por debajo y empezó a acariciar mi erección. —Haré lo que quieras, papi. Todo, papi. Todo lo que quieras. — —¡Buena chica!— dije. Mis manos estaban sobre sus tetas y su coño. Su cuerpo era increíble. Sus curvas eran perfectas. El culo de Jenna se movía de arriba a abajo mientras la penetraba con los dedos. —¡Todo, papi! ¡Te lo daré todo!— gritó. —¡Toca mi clítoris! ¡Dámelo!— La mano que tenía bajo su torso agarró mi m*****o duro y me acarició a través de la tela de mis pantalones. Mi dedo, entrando y saliendo de su coño, empezó a penetrar más profundo y rápido, y ella respondió moviendo su culo cada vez más rápido. —¡Dame más azotes, papi!— ¿Más azotes? ¿Qué tan retorcida es esta zorra?, me pregunté, mientras mi polla se ponía más dura. Le pellizqué y retorcí un pezón al mismo tiempo que mi mano bajaba hasta su trasero, que ya estaba rojo de mis azotes anteriores. Mi pelvis empezó a subir con cada golpe de mi mano abierta. —¡Joder!— grité mientras le daba un azote en su delicioso y redondo trasero. Mi cabeza se echó hacia atrás por reflejo con cada azote y rugí triunfante: —¡Joder!— Otro azote. —¡Joder, joder, joder!— grité. Arqueé la espalda y mi pelvis se movía hacia arriba una y otra vez, empujándola con mi erección. Este pequeño y ardiente trasero por fin estaba donde la quería. Donde pertenecía. Bajo mi control total. Le di otra nalgada y me reí. —¡Joder! ¡Joder! ¡Joder!— grité, con la cabeza echada hacia atrás y riendo sin parar. Todavía tendida sobre mi regazo, con las piernas abiertas para que mi mano las recorriera a su antojo, Jenna se movía espasmódicamente sobre mi polla. Volví a acariciar sus perfectos glúteos, penetrando su coño con fuerza con mi dedo. —¡Papá! ¡Papá! ¡PAPÁ!— gritó. —¡Tu cuerpo me pertenece!— gruñí, metiendo y sacando los dedos furiosamente de su agujero. Mi otra mano recorrió sus enormes tetas. Retorcí sus duros pezones. Todo su cuerpo se retorció deliciosamente. Le di otra palmada en su increíble trasero. Me encantaba la idea de tener a esta pequeña y cachonda belleza como mi juguete. —¡PAPI TE PERTENECE!— Entonces, sin previo aviso, todo su cuerpo se puso rígido. —¡Aagh!— gritó, y luego se quedó inerte. —Oh, joder, papi, creo que me vine...— Me levanté de golpe, haciéndola caer sobre la alfombra. —¡Arrodíllate!— gruñí. —¡Chúpaselo a papi!— Me desabroché el cinturón y empecé a desabrocharme los pantalones. —De ahora en adelante, este es tu lugar: ¡de rodillas frente a la polla de tu padrastro!— Jenna se sentó sobre sus talones frente a mí con expresión de asombro y sumisión. Me miró fijamente, con los ojos muy abiertos y la boca abierta. Justo cuando estaba a punto de meter mi polla dura en la boca expectante y abierta de Jenna, oí un sonido familiar en la entrada. Era Mary, que volvía del trabajo. Nos miramos a los ojos. —Vístete. —dije. —Te terminaré de disciplinar luego.— Salí de la habitación mientras me subía la cremallera de los pantalones. Una hora después, las tres estábamos sentadas plácidamente a la mesa. Yo estaba sentada a la cabecera, mientras Mary y Jenna se miraban. —¿A que somos una familia grande y feliz?— dijo Mary, sonriéndonos radiantemente a Jenna y a mí. Extendió ambos brazos y nos estrechó las manos por encima de la mesa. Jenna me miró con recelo y luego extendió la mano libre, de modo que las tres quedamos cogidas de la mano alrededor de la mesa. Mary estaba irreprimiblemente feliz. —¡Me alegra tanto que estés aquí, Jenna!— dijo. —¡Me alegra tanto que nos llevemos bien!— —Yo también. —dije. —Creo que Jenna y yo nos hemos entendido hace poco, ¿Verdad, Jenna?— —Estoy aprendiendo mi lugar en esta familia. —dijo Jenna, mirándome. Cuando llegué a casa del trabajo al día siguiente, Jenna era la única persona en casa. Debido a que su viaje al trabajo era más largo, Mary solía llegar una hora más tarde que yo. Aprovechando el tiempo extra a solas con Jenna, la llamé a la sala de estar. Unos momentos después, estaba de pie frente a mí con una falda y blusa hasta la rodilla, con las manos entrelazadas recatadamente tras la espalda. Su postura hacía que sus enormes pechos se proyectaran hacia adelante. Noté que, bajo la blusa abotonada, no llevaba sostén. Llevaba el pelo recogido en una coleta. Me senté en medio del sofá y la miré con severidad. —No creo que hayamos terminado nuestra sesión disciplinaria de ayer. —dije. —¿Verdad?— dijo con una sonrisa burlona. —Qué lástima, PAPI.— Volvió a usar ese tono sarcástico que tanto odiaba. Arrastró la palabra "Papi", como si tuviera mil sílabas. Dado lo que había pasado el día anterior, una parte de mí esperaba algo diferente. Pregunté. —¿Qué te preocupa esta vez, Jenna?— Después de que ayer les dijiste a esos chicos que solo tenía quince años, lo repartieron en todas las clases que tomo en la universidad. Ya soy mucho más bajo que el promedio. Ahora nadie cree que tengo diecinueve; ¡creen que soy un estudiante de preparatoria! Los profesores creen que soy un estudiante de segundo de preparatoria en la universidad. ¡Y nadie me mira! Sonreí con suficiencia. —Qué lástima.— —¡Te odio!— —No estoy seguro de que me guste tu actitud, jovencita. —dije —¿Y qué? No eres mi verdadero padre. ¿Qué vas a hacer al respecto?— Salté rápidamente y la agarré del brazo. Luego, me dejé caer deliberadamente en el sofá, arrastrándola conmigo y torciéndole ligeramente el brazo al caer, obligándola a caer de lado. Aterrizó boca abajo, despatarrada sobre mi regazo. —Puede que no sea tu verdadero padre. —dije mientras le subía la falda, dejando al descubierto su trasero. Sonreí al saber que había decidido no usar bragas. —Pero de ahora en adelante, soy tu papi, ¡y me darás el respeto y la obediencia que tu papi se merece!— Le di una fuerte nalgada en su trasero desnudo. ¡Aagh!, gritó. Levantó la cabeza de golpe, haciendo volar su coleta. Arqueó la espalda, lo que hizo que su trasero se apretara contra mi entrepierna. Con mi mano izquierda agarré su cola de caballo y tiré hacia arriba, acentuando el delicioso arco de su espalda. Le di otra nalgada y el fuerte ¡BATÓN! resonó por toda la habitación. —¡Necesitas disciplina!— dije. —¡JODER!— gritó. ¡Zas! —¡Tienes que aprender a obedecer!— ¡JODER! ¡Zas! —¡Tienes que obedecer a tu papá!— ¡JODER! ¡Zas! —Tienes que…— ¡JODER! ¡JODER! ¡JODER! —Sí, así es, Jenna. —dije, cambiando de repente a un tono tranquilizador. —¡Tienes que joder, joder, joder!— Solté la coleta de Jenna y mi mano izquierda se deslizó bajo su torso para empezar a acariciar sus enormes pechos sin sostén. Mi mano derecha se posó en su trasero enrojecido y empecé a acariciar esos globos perfectos mientras mis dedos buscaban con insistencia su coño. —No hay necesidad de discutir, Jenna— le dije para tranquilizarla. —Solo tienes que obedecer a tu papi. —Mi mano encontró su clítoris y comencé a hacerle cosquillas. Todo el cuerpo de Jenna se estremeció. —¿Obedecer a mi papi?— gimió. Sostuve uno de los pezones de Jenna a través de la fina tela de su blusa, retorciéndolo suavemente. Con la otra mano, acaricié rítmicamente su clítoris. —Ama a tu papi— dije. El cuerpo de Jenna se retorcía en mi regazo. —Quiero a mi papi— susurró. —Di mi nombre otra vez, Jenna.— dije suavemente. —Papá. —susurró. Respondí metiendo mis dedos en su coño —¡Papá!— dijo, con más fuerza esta vez. Empujé mis dedos de nuevo, más profundo esta vez. —¡PAPÁ!— gritó, y comenzó a moverse hacia arriba y hacia abajo en mi regazo mientras mis dedos entraban y salían una y otra vez. ¡PAPI! ¡PAPI! ¡PAPI! —gritó. Mis dedos la llevaron al orgasmo, mientras mi otra mano le apretaba los pechos. Sentí cómo se le salían los botones de la blusa. Con cuidado, la levanté de mi regazo. —Es hora de terminar lo que empezamos ayer, cariño. —le dije. —Ponte de rodillas y empieza a chupar. Rinde homenaje a tu nuevo papi. —
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