Ahora las tenía a ambas frente a mí. Bajé con cuidado a Jenna hasta que quedó de pie en el suelo. Luego, le puse una mano en el hombro y, con la misma delicadeza, la empujé hacia abajo hasta que en cuestión de segundos quedó de rodillas junto a su hermana. “Ya saben qué hacer a continuación”, les dije. Jenna tomó sus medias y las colocó cerca de las de su hermana, dentro de la braguita del bikini de su madre, apuntando hacia la v****a. Mary, ya absorta por la combinación de alcohol, medicamentos y estimulación s****l, sufrió una sobrecarga sensorial. Con el trasero aún en alto y la cara pegada al césped, abrió la boca formando una "O" y empezó a gemir inarticuladamente. Sus ojos se pusieron en blanco. "¡Tee-tee-enseña!", tartamudeó. "¡Enseña a mis hijas!" "Les enseñaré", prometí. No sab

