De vuelta en el hotel, papá me preparó un baño para quitarme la arena y la sal. Mientras me desvestía, él se quedó paralizado, observándome. "Qué sujetador tan bonito", dijo, mirándome los pechos con curiosidad. Me los agarré y los meneé. —¿Ah, esta cosa vieja? —bromeé—. La compré solo para ti, papá. "No creo que me quede bien", bromeó. "Sabes a qué me refiero, tonta." Desabroché el cierre y lo dejé caer. Antes de que tocara el suelo, papá tenía las manos sobre mis pechos, los pulgares sobre mis pezones, haciéndoles girar. Se sentía tan bien. Sentí un hormigueo por todo el cuerpo. Se inclinó y me besó, y luego empezó a desvestirse. —Pensé que este baño era sólo para mí —dije, fingiendo estar confundida. —Mmm, nena, solo para ti —respondió, terminando de desvestirse—. Pero eso no sig

