Acusación.

1457 Words
Nicolás me tiene arrinconada contra la pared fría del pasillo, su mano firme en mi brazo: no lo suficiente para lastimarme, pero sí para impedir que escape. Su aliento cálido roza mi oreja, cargado de furia. —¿Explícame esto, Tessa? ¿Mi cuñado? ¿Tú y él? ¿Qué planean? —susurra con voz ronca, sus ojos grises ardiendo como brasas. Tiemblo bajo su toque; mi corazón late con tanta fuerza que parece querer salir del pecho. El pánico me invade, no solo por el riesgo de que nos descubran en ese momento, sino por el caos que esto desataría si sale a la luz. Nicolás está casado con Valeria, la mujer que representa su estabilidad, su ascenso social, todo lo que ha ambicionado desde aquellos días adolescentes. Y yo... yo tengo a Luca. —¡Suéltame, Nicolás, por favor! —murmuro, intentando liberarme con un tirón suave—. Tu esposa está ahí, en el salón. Si nos descubren, todo se derrumbará. Tu matrimonio… —¿Y no es precisamente eso lo que quieres? —cuestiona rechinando los dientes—. ¿Destruir mi matrimonio? Me quedo con la voz ahogada en la garganta por unos segundos. —No… claro que no… Yo… no quiero destruir tu matrimonio, tampoco… mi vida con él... Aprieta la mandíbula; sus dedos se hunden un poco más en mi brazo antes de aflojar el agarre. Los celos lo consumen, lo veo en sus ojos. —Te veo con él, aquí, en esta casa, luego de aparecer en mi vida… ¿esperas que no piense que quieres destruirme? ¿Después de lo que has hecho para hacerme caer? ¿De seducirme? Me está acusando de seducirlo, cuando fue él quien me llevó a ese lugar, haciéndome creer que era por trabajo. Recuerdo ese momento nitidamente. Al entrar, al ver esa sala, ese departamento, se acercó lentamente y mirándome a los ojos, dijo que era el departamento que una vez soñamos tener. Habló tan cerca, que su aliento se mezcló con el mío, y no pude evitar besarlo. Él me besó. Me atrapó los labios y me besó con una ansiedad descomunal. La carpeta que tenía en las manos cayó. Mi cartera rodó del hombro. Y después de ese beso, él susurró que no me había olvidado, suplicó que no lo rechazara, que me convirtiera en su amante, porque no había más lugar para ofrecerme. Yo… me alejé, no dije nada. Tampoco era que quisiera ser la amante de alguien. Pero ese alguien era Nicolás Williams, el hombre que siempre amé, con quien pensaba escapar en la adolescencia. Mi amor de infancia, y se podría decir, el único que había amado en mi vida. ¿Cómo podía rechazar su propuesta? Fui al trabajo, quise evitarlo, pero era imposible. Era su secretaria, tenía que verlo cada mañana, estar en cada espacio donde él estaba. Un día no apareció en la oficina, tampoco me llamó. Recibía mis mensajes, pero no me respondía. Fui a buscarlo. Allá, a ese lugar que me mostró. Encontré las llaves colgadas. Lo pensé dos veces antes de abrir la puerta. Y cuando lo hice, estaba ahí, sentado en la sala, mirando hacia la puerta, esperando que apareciera. Se levantó, caminó hacia mí, me miró profundamente de tan cerca, que me dejó sin aliento. “¿Tienes a alguien, Tessa?” No respondí, pero él lo tomó como un sí. Su mano recorría mi rostro, obligándome a cerrar los ojos. —También tengo a alguien, Tess… —dijo, obligándome a abrir los ojos— También la amo… pero… eso no evita que te desee. El corazón se me apretó, quise llorar… pero contuve las lágrimas. —Tess, ¿recuerdas esa primera vez? ¿Lo recuerdas? —ya sus labios recorrían los míos— Joder, Tess, solo quiero… otra noche como esa —suspiró— olvidemos por un segundo que existen ellos. Abrió sus ojos, me miró con intensidad, y yo solo pude asentir. Eso fue suficiente para que él me atrapara los labios, me besara con ansiedad, me desnudara con demencia, y me hiciera suya como un animal hambriento, ansioso. La primera vez que nuestros cuerpos se unieron en la adolescencia no fue tan placentera como esa tarde. En ese entonces éramos unos inexpertos, pero ahora él moldea mi cuerpo a su antojo, me recorre, me hace vibrar de placer. Solo pidió una vez, pero yo no quise que fuera una vez, yo quise que fueran muchas más. ¿En serio era mi intención convertirnos en amantes? No, no fueron mis planes, fueron los suyos. Yo solo me dejé llevar. Sacudo la cabeza ante sus acusaciones. Mi voz se convierte en un ruego desesperado, porque no es cierto lo que dice. —Nicolás, escúchame… Mañana hablaremos. Mis manos empujan su pecho, no con fuerza, sino con una súplica. Retrocede un paso, furioso. Se da la vuelta y se aleja por el pasillo; sus pasos resuenan hasta desaparecer, dejándome sola en la penumbra. Respiro hondo, me seco las lágrimas y me recompongo lo mejor que puedo antes de regresar al salón. El aire ahí es tenso. Luca está de pie junto a la chimenea, su postura rígida, mientras su padre lo interroga. —No puedes aparecer después de años, como si nada. Pensábamos que estabas muerto. Y ahora traes a una mujer. ¿Quién es ella realmente? ¿Otra adicta como las que te rodeaban? ¿Vienen a malgastar la fortuna que con tanto esfuerzo logré levantar? Luca mira a su padre con ojos afilados. —Veo que no te agrada mi regreso —suspira—. En cuanto a Tessa, ella no es eso. Ella me salvó. Me encontró en el fondo del pozo y me sacó. Estoy limpio por ella, si es lo que te preocupa, que dañe tu reputación. Valeria, sentada en el sofá con una copa de vino en la mano, interviene con voz suave. —Papá, basta. Luca está aquí, vivo. Eso es lo que importa. Entro en ese momento. —Luca. Él suspira, toma mi mano y la aprieta con cariño. —Tal vez deberíamos irnos —pero Valeria se levanta de un salto y se acerca a él. —No, por favor, quédate. Esta casa es tuya también, Luca. Siempre lo ha sido. Papá, dile que se quede. Don Eduardo gruñe, pero no objeta; su silencio es un consentimiento a regañadientes. Valeria abraza a su hermano con fuerza. —Tu habitación está lista. La envié a limpiar el mismo día que me llamaste. Quédate, al menos por esta noche. Por mí. Luca duda y me mira en busca de aprobación. Asiento sutilmente, sabiendo que rechazar ahora solo avivaría sospechas. —Está bien, por ti, hermana —luego se vuelve hacia mí—. Ven, acompáñame a la habitación. Me toma del brazo y subimos las escaleras, dejando el salón en un silencio incómodo. Mientras nos retiramos, escucho a Valeria decir: —Papá, te pido que no lo molestes, por favor, dale una nueva oportunidad. Entramos a la habitación de Luca, la cual aún está decorada con los mismos colores que eligió en su adolescencia. Eso es lo que dice mientras me relata cómo la había decorado. —Tess… lo que escuchaste… —No te preocupes —digo al sentarme en la cama—. Lo que tu padre piense sobre mí no me importa. Después de todo, no tengo intenciones de quedarme con una fortuna que ni sabía que existía —hago una pausa—. ¿Por qué lo ocultaste, Luca? Este me abraza y hace que ambos caigamos de espalda sobre la cama. —Tess, no importa eso, lo que importa… Me aparto de su lado y me levanto. —Sí me importa, Luca. Porque yo confié en ti, te conté todo sobre mi vida… ¿por qué tú me ocultaste algo tan importante como esto? —Tess, ¿cambia en algo que sea millonario? —No es que seas millonario lo que me confunde, es… tu silencio. —Puedes ver que mi padre me desprecia. Me echó a la calle cuando estaba pasando mi peor momento. —Entonces, ¿qué hacemos aquí? ¿Por qué regresaste? —Porque es momento de recuperar mi parte de la fortuna, porque quiero darte lo mejor —agarra mi rostro entre sus manos y confiesa—: Eres lo más importante que tengo en mi vida, Tess, y quiero hacerte feliz, darte todo lo que siempre soñaste. Viajes… una casa, una vida sin complicaciones… Un nudo se me forma en la garganta al recordar todas las cosas que le dije a Luca que quería para mi vida, el día en que decidimos vivir juntos. —Voy a darte todo lo que has soñado, Tess.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD