Ever. —Mírale que nalguitas más preciosas — mamá le mostraba fotos mías a Eleonor de pequeño. Ambas se reían, yo algo avergonzado no hacía más que mirarlas. Ya habían surgido conversaciones para conocernos más, o bueno, para mi madre entrar en más confianza con ella. Tan solo me miraba, asentía y abría sus ojos diciéndome que era buena muchacha, pero eso ya yo lo sabía. No tenía que decírmelo nadie. Yo soy consciente de que Eleonor es tremendo mujerón, y no solo digo eso porque tiene lindas nalgas, lo digo porque es inteligente, humilde, simpática, trabajadora, dispuesta, es pura y muy inocente. Destila pura paz y eso me encanta. Es obvio de que su físico me atrajo bastante pero su personalidad me encantó. —Las de ellas son más preciosas— no pude evitar decir. Las mejil

