— Siempre puedo ayudarte en lo que necesites — le dije en cuanto estaciona el coche afuera de su casa. Thomas asiente con la cabeza y me sonríe. Está casi tan cansado como yo, sus ojos parecen más pequeños cuando sonríe y deduzco que está agotado. Yo también lo estoy. — Lo sé. Gracias por eso. Se desabrocha el cinturón. Ha comprado una pizza en el camino y tras coger la pizza que está en el asiento de atrás, abre la puerta para bajar. Entonces yo hago lo mismo, abro la puerta y bajo para darme cuenta de que las luces están encendidas, a través de las cortinas puedo notar movimiento y me alarmo porque no está solo. — ¿Hay alguien en casa? — frunce el ceño cuando levanta su mirada y me mira por unos segundos. Percibo duda en sus ojos y me siento alarmada. Las locas parecen perseguir a

