THOMAS CLIFFORD — Es domingo, cariño — me dice mi abuela cuando voy de salida y masticando aquel budín de carne que es su especialidad y se apoya en el marco de la puerta —. ¿De verdad tienes que trabajar? — Si, abuela. Hace años trabajo todos los días y mis horarios no son fijos — respondo con paciencia porque mi abuela ha comenzado a olvidar pequeñas cosas. Había insistido en acompañarla a revisión al médico pero se ha negado, por supuesto que es normal por la edad pero no puedo evitar preocuparme por ella —. Además, anoche no fui a trabajar. Tengo que recuperar el tiempo que no fui. — Pero si Jane te adora, hijo, te aseguro que si le pides un descanso el fin de semana completo, te lo dará sin dudarlo — sonríe y detrás de ella aparece Lily, mi hermana menor. — Sé que sí — asiento co

