De tu boca, dame más que se me agota Tu recuerdo el último intento De vivir en un solo cuerpo... De tu boca, donde emigra mi ternura Donde apago el sol de mi hoguera Y en la sombra un beso me quema... —Hombre, sí que lo tienes mal. —¡Hijo de Dios! —grito por el susto que acaba de pegarme Simón—. Casi me matas de un infarto. —¿Yo? —Se señala a sí mismo incrédulo—. Tú eres la que me matará con tu cacareo de gallina y esas canciones de amor que no dejas de repetir. —¡Apenas y la he puesto dos veces! —En los anteriores veinte minutos, ¿olvidas el resto del día? Muerdo mi labio y miro al suelo avergonzada. Yami se ríe y continua en sus ramos mientras simón sigue burlándose de mí. Suspiro y apago la música, la verdad es que tiene razón; llevo toda la mañana cantando la misma canción

