—¿Por qué estamos aquí? —Porque necesito buñuelos, no alcancé a desayunar —respondo y aparco el auto. —Mira la fila tan enorme —se queja Jenny. La ignoro y salgo del auto para ponerme al final de la fila—. De todas maneras, ¿por qué no desayunaste? Tú no sales de casa sin desayunar. —No dormí muy bien anoche —contesto y mis mejillas se sonrojan. —Oh, oh, oh —canta mi hermana con una de sus estúpidas sonrisas de metiche—. ¿Qué o quién no te dejó dormir? —Nadie —respondo y me encojo nos segundos después al darme cuenta que nuevamente me he descubierto a mi misma. Jenny sonríe a sabiendas. —Entonces es alguien. Suspiro y ruedo los ojos. El hombre frente a nosotros nos revisa de arriba abajo, sonríe y nos cede su lugar. —Gracias —murmuro. Jenny le da una sonrisa y lo ignora después. —

