La cena ha estado bien, Jenny se ha comportado y ha sido muy agradable con todos. Especialmente con Claudia y Saúl, esos tres ya se hicieron mejores amigos. Las niñas disfrutan con las bromas suaves de mi hermana y yo debo cerrar mi boca de vez en cuando, por estar demasiado sorprendida. Me cambiaron a Jenny. Pablo sólo nos regala una de esas sonrisas que parecen no serlo. Permanece callado la mayor parte del tiempo. Pero su mano, su mano no deja de acariciar la mía, bajo la mesa. Me sonrojo un poco, cuando uno de sus dedos toca mi pierna y me sobresalto, llamando la atención de todos. —¿Estás bien? —pregunta Marcela. —Sí, es sólo que me mordí la lengua. —Miento. Jenny me mira y el brillo perverso en sus ojos me hace temer por mi seguridad. —Entonces —empieza, le envío una mirada de a

