Aston le acarició la piel con el filo del cuchillo sin dejar de sonreír, su expresión era siniestra, causando un profundo estremecimiento en el cuerpo de la joven, quién en ese momento, a pesar de toda su valentía, no pudo evitar sollozar.
—Por favor Aston, no me hagas daño, te lo suplico —susurró Patricia sintiendo su corazón presionarse en su pecho por el dolor.
Él enterró el cuchillo en la piel de la joven torturándola, ella comenzó a gritar. Aston la golpeó para hacerla callar, pasó las manos sobre sus muslos provocando repulsión en ella.
—¿No te gusta? Quisiste asumir el lugar de tu hermana, pues es este. Tócame, acaríciame, dime que me amas y asume tu maldit0 papel de esposa —le dijo con una sonrisa sádica en el rostro.
Patricia lo miraba horrorizada sin saber qué hacer o decir, estaba paralizada por el miedo, sus ojos se llenaron de lágrimas y su cuerpo temblaba violentamente. Sentía como si su corazón fuera a estallarle en cualquier momento, supo entonces que iba a morir. Aston continuó sonriendo de una forma macabra disfrutando del dolor y el terror de la joven. En ese momento se arrepentía de no haber huido con su hermana, porque ahora no había nada ni nadie que la pudiera ayudar. Aston comenzó a besarla pasando su lengua por sus senos, mientras con una mano le abría las piernas para luego introducirla en su cavidad vaginal, Patricia cerró los ojos y gritó:
—Aston ¡No! ¡Por favor, no! —suplicó aterrada Patricia, eso era una pesadilla.
—Debes complacerme, soy tu esposo —le susurró en el oído, con una voz que no admitía réplica.
Aston la tomó por la fuerza, con sus manos acarició con violencia sus senos, estrujándolos sin ninguna consideración, ante los sollozos y súplicas de Patricia. Luego la obligó a arrodillarse frente a él y, sin dejar de mirarla a los ojos, introdujo su m*****o erecto en su boca, ella intentaba alejarse gimiendo, pero él la cogió del pelo y la forzó a seguir chupando aquella carne dura e insatisfecha, le follaba la boca con violencia, mientras él gemía de placer, completamente excitado y ella emitía arcadas por completo asqueada.
Al notar que Patricia trataba de no ingerir su e*****a, Aston levantó su mano y le dio una bofetada en toda la cara, la obligó a tragárselo. Patricia soltó un grito de dolor.
La tomó por los cabellos enredando sus manos en su rubia melena, ella la miró con ojos asustados y eso provocó una sonrisa de satisfacción en él.
Tomó de nuevo sus senos pellizcándolos con violencia, la tocaba por todos lados, el contacto de las manos de Aston sobre su piel desnuda era abrasador, quemante. Sus dedos se movían expertos sobre ella, mientras él sonreía maliciosamente, la agarró por las caderas y la levantó montándola a horcajadas encima de él.
Ella gritó de nuevo cuando él acomodó su m*****o y la empujó haciéndola caer sobre el penetrándola con una fuerza brutal, llevando la pequeña de tela su inocencia con él. La empujó contra la cama, con tanta violencia que Patricia temía que sus huesos se rompieran. El dolor era intenso, aunque también lo era el placer que sintió, en contra de su voluntad estaba húmeda. Sus movimientos se volvieron frenéticos, y en pocos segundos Patricia alcanzó el clímax, sin dejar de llorar. Lamentablemente, Aston no parecía dispuesto a terminar ahí. La siguió penetrando una y otra vez, llevándola al borde del abismo una y otra vez, hasta que ella gritó su nombre implorando clemencia.
Los gritos y los llantos de Patricia se volvieron más fuertes a medida que Aston continuaba su tortura, pero él no se detuvo. Quería satisfacerse con ella y al mismo tiempo hacerla sufrir tanto como ella lo había humillado, sabía que tenía que ser creativo para lograrlo. Utilizó todos los trucos que conocía para hacerla gritar y llorar, y no se detuvo hasta que ella ya no pudo emitir sonido alguno por completo agotada.
Aston continuó su tortura, usando todas las habilidades que aprendió a lo largo de los años. No le importaba si Patricia gritaba o lloraba, él estaba disfrutando de cada minuto. Cuando finalmente terminó, Patricia ya no tenía fuerza, se sentía vejada, destruida. Él ya había logrado lo que quería y ahora ella estaba sangrando. Era una sensación tan desesperante, creía que iba a enloquecer, empezó a llorar, gimoteando, se dejó caer en la cama, con una profunda tristeza.
Se sentía por completo angustiada sin dejar de gemir, sintió que la sacudían con fuerza y despertó asustada.
—¡Aayyy! —gritó y abrió los ojos de par en par, y vio a Aston en frente de ella, casi salta de la impresión, le pareció ver una expresión de preocupación en sus ojos, aunque segundos después se dio cuenta de que era el mismo de siempre, con esa mirada oscura y siniestra.
Miró, su cuerpo estaba vestida, con el mismo vestido con el cual se casó, estaba intacto, se revisó y todo estaba bien, no tenía un solo rasguño, solo una pequeña capa de sudor cubría su cuerpo, suspiró con alivio al darse cuenta de que todo lo vivido había sido tan solo un sueño.
—¡Vaya bella durmiente! Fue interesante verte y escuchar gritar mi nombre como una posesa. Creo que te gustó tu sueño porque te negabas a despertar ¿Tan ansiosa estás de mí que no podías esperar a que apareciera que empezaste a soñarme? Y creo que lo disfrutaste porque te contoneabas como una serpiente, y gemías ah ah ah —la imitó burlón y ella lo miró de mala manera.
—¡Maldito bastardo! ¿Crees que estaba disfrutando? Hasta en el sueño eres un despiadado, me golpeaste, me heriste con un cuchillo, me causaste múltiples heridas, además, me tocabas por toda parte… —él la interrumpió.
—¿Y lo disfrutaste? —interrogó con un tono de diversión en la voz.
—¿Crees que una violación se disfruta? Eso fue lo que me hiciste en el sueño —espetó ella mirándolo con rabia.
—Al parecer eres víctima de tus propios deseos, ¿No serás que tienes esas fantasías? Si es así no tengo problemas en sacrificarme para cumplírtelas.
—¿Acaso estás loco? Sabes de la única manera que estaré contigo es que me obligues, porque voluntariamente jamás me acostaría contigo —expresó con firmeza.
—¿Crees que necesito obligar a una mujer para cogérmela? Ellas vienen voluntariamente a mí —expresó con un tono de soberbia.
—Las que se te acercan son mujeres sin dignidad, dispuestas a caer en tus brazos por un puñado de dólares o por poder, a la larga también lo están haciendo obligado —sentenció ella con desprecio.
Él la miró con odio, porque en el fondo le molestaba que le recordaran lo poco que lo valoraban las mujeres como persona, mas siendo honesto ella tenía razón, no podía negarlo, aunque tampoco estaba dispuesto a admitirlo.
Aston la observó fijamente y en sus ojos pudo ver la determinación de ella, estaba decidida a no ceder ante él. Sus ojos grises se tornaron negros como la noche y una intensa sensación de frustración lo invadió. Se acercó lentamente hacia ella sin perderla de vista, con pasos firmes y determinados. Ella sintió su aliento en su rostro y se levantó de la cama, aunque él fue más rápido y la atrapó entre sus brazos.
Ella de nuevo intentó apartarse, pero él la tomó con fuerza y la sujetó contra la pared.
—¿Tanto te repugna estar conmigo? Si es así dime qué debo hacer para que te guste —le susurró al oído.
Ella no podía creer lo que estaba sucediendo, con todo y eso aún así no podía evitar sentirse atraída por él. No era justo, pensó, ¿Por qué las mujeres tenían que ser tan superficiales? Se mordió el labio inferior y cerró los ojos, tratando de ignorar la sensación de sus manos en su cuerpo.
—No sé —murmuró ella.
—Entonces déjame mostrarte —dijo él antes de comenzar a besarla.
Aunque trató de resistirse, no pudo evitar sentir un cosquilleo en la espalda cuando sus labios tocaron los suyos, y contra todo su esfuerzo, se dejó llevar. Los besos se fueron intensificando y pronto sus cuerpos estaban pegados el uno al otro. Él la acariciaba por todas partes y ella no podía negarse; quería más.
Sus manos se deslizaron por debajo de la camisa de él y sintió los músculos tensos bajo sus dedos. Era tan diferente a los chicos con los que solía salir, pensó mientras lo acariciaba. Sus cuerpos eran musculosos y duros, pero este era distinto. Sus músculos eran suaves y, sin embargo, tan fuertes...
De repente, él la empujó a un lado y la acostó en la cama. Ella lo miró, sorprendida, pero él no le dio tiempo a decir nada. Sus labios se encontraron de nuevo en los de ella y sus manos empezaron a moverse por su cuerpo. La camisa que llevaba puesta se desabrochó y él la apartó para poder acariciarla mejor.
Sentía sus pechos contra sus manos y su cuerpo arder de deseo. Él también estaba excitado, lo notaba en su respiración y en la forma en que la tocaba. Sus manos se movían expertamente por su cuerpo, acariciando lugares que ella nunca había imaginado que existieran.
—Vamos Patricia, es hora de consumar este matrimonio, para que me des el heredero que tanto quiero y que le iba a pedir a tu hermana —expresó, sin dejar de tocarla y excitarla.