La llevó a su habitación y la tiró en la cama, caminó a una especie de estante y sacó un arma, cuando Patricia lo vio se asustó, y se recostó del espaldar de la cama, trató de cubrirse tratando de protegerse y Aston soltó una carcajada, ella lo vio con desconfianza. —¡Estás loco! —exclamó la mujer, sin poder contener esa mezcla de temor y enojo. —¿Acaso te lo he negado alguna vez? Estoy dañado, ¡Lo sé! Conmigo no encontrarás un hombre romántico, que te habrá la puerta y te diga las palabras dulces que quieres oír, pero si quien te de protección. —Si tanto que ahorita me acabas de gritar y de humillar delante de todo el mundo y de decir que me vas a dejar encerrada aquí, y que ni siquiera me vas a dejar comer —lo recriminó Patricia. —Y es así, tienes prohibido salir de aquí, por tú bien

