Patricia, después de estrellar la fotografía, trató de salir del susto y bajarse del banco, pero su pierna no le respondía y cayó al suelo. Intentó arrastrarse hasta la cama para poder levantarse, pero Aston ya estaba allí, agarrándola por los brazos y levantándola como si fuera una pluma. Patricia vio en sus ojos una mezcla de enfado e incredulidad que reflejaban el dolor que estaba produciéndole en ese momento. La joven sintió un dolor agudo en la pierna. —¿Qué te pasa? ¿Estás loca? ¿No ves que aún estás herida? —le gritaba sin dejar de mirarla fijamente a los ojos—. ¡Te dije que te quedaras en la cama! ¿Por qué tienes que ser tan porfiada? —. Gritó exasperado, suspiro de forma profunda y luego agregó con más calma—¿Estás bien? —le preguntó, mientras la examinaba cuidadosamente para ve

