Y un biquini rojo que debería estar p*******o. Iba atado a su cintura con unos lazos que sin duda serían fáciles de desatar. La parte de arriba era igual, y apenas le cubría los pechos. No tenía el estómago plano y definido, como tantas mujeres que veía en las playas de los complejos exclusivos que frecuentaba, producto del ejercicio o de un cirujano habilidoso. No, era simplemente Leah. Simplemente una mujer. Por un instante, solo un instante, su idea del se*xo, de las cosas que había visto y hecho, desapareció. Y solo quedó ella. -¿ Leah ? –Sí, aquí estoy. ¿Dónde estabas? –le preguntó, e intentó controlar su cuerpo antes de salir del agua y caminar hacia donde se encontraba ella. –De compras. –¿Qué tenías que comprar? –Todo tipo de cosas –respondió ella–. Principalmen

