Eira.
Estoy frustrada y avergonzada por no saber actuar frente a lo que me rodea. Los pensamientos de Zacarías llegando a llevarme tarde o temprano me estaban matando.
El se empeño en mi por ser la hija de mi padre y mi madre o quizás más por ser la hija de mi madre.
Físicamente soy igual que mi madre. Tengo pecas, tengo sus ojos oscuros, tengo su cabello, mis abuelos solían decir que sonreía como ella y arrugaba la cara tambien. Mi carácter de lengua larga es de mi padre que siempre quiere tener la razón.
Así que no se si estoy ahora aquí por venganza hacia mi padre, por el oro aunque creo que es por todo, mi madre que no pido tener, mi padre por todo lo demás.
Una vez más: los errores de los padres recaen en los hijos.
Zed cuánto deseo que estuvieras vivo. Noah se ha tardado ya que tú hubieras incendiado está mansión por mí sin duda.
Desde que volvió Zacarías estoy viviendo un auténtico martirio mental. Lo que me lleva a tener pensamientos sobre que se sentiría matarlo lentamente aplicando las torturas que me enseñó Oliver y Antuan. Luego pienso, que sería más fácil y rápido si le parto el cuello, también me arrepiento de no tomar su cabeza y golpearlo repetitivas veces contra la acera, provocando un derrame cerebral. No estuviera pasando por este momento aterrada de que me viole o me vuelva a tocar.
No sé lo pondría sencillo, pero estoy más que segura que haría entrar a más hombres para que me sujetarán.
Jamás he pensando de este modo, no había sentido la amenaza que me volvería a pasar. Pero no va a ser fácil.
Zacarías ha hecho que dos días desde que regresó yo sepa quién es quien. Desde que se instalo de nuevo en su mansión me ha dejado saber que ocurrirá conmigo o eso creo, ha enviado lencería costosa cada vez y nada para ponerme en cambio.
Antes... Maya me dejaba ropa limpia, mi ropa. Ahora no se que ha sucedido con eso. No sé incluso si aún tengo mi ropa. Me dejaba ropa íntima tan pequeña que me he tentado de no bañarme para no usarla, pero no puedo sentirme sucia. Eso me recuerda a las noches en Perth.
Se lo que hace, está haciendome tener miedo porque en algún momento va a entrar para verme así, lista para el. También ha aplicado presión en otras cosas como:
Ya no tengo el televisor.
Ya no tengo a Zaddiel menos sus compañeros.
El rubio es quien me trae la comida sonriendo de medio lado mientras me da miradas lascivas. Incluso una vez se pasó la lengua por la boca como si me saboreara. En esa ocasión yo estaba sin la sabana encima.
Luego de eso. Me quitaron la sabana de la cama y las almohadas ahora solo está el colchón frío.
Me dejan la habitación fría ni tengo toalla para secarme.
No he querido comer mucho y tampoco es que me traigan suficiente alimento. De hecho anoche me pidieron que bajara a cenar con Zacarías pero me encerré en el baño. No iba a salir en ropa íntima por ahí. Casi tumba la puerta. Pero de último momento lo llamaron y se fue.
No sentí alivio. Me quedé en la habitación del baño hasta que amaneció y lo supe por la pequeña ventana que me indico que era de día.
No sé cuantas ideas se me ocurran para evitar ver a ese viejo asqueroso. Pero se que en algún momento me va a tocar y eso es lo que me tiene más aterrada que cualquier otra situacion que tenga que ver con perros.
Creo que es de noche porque cuando es de noche no hay tanto movimiento.
Otra noche que no podré dormir. Solo tuve un par de horas de sueño está tarde.
Solo me basta de días. Días para que se de cuenta que no estoy siendo una irresponsable en no tomar clases, en no llamarlo o atender alguna llamada. ¡Carajo Noah! ¿Dónde mierda estás? No creo que tarde tanto en percatarse de mí.
Pero mientras eso ocurre tengo que intentar manejar todo lo que ocurre a mi favor pero cuesta tanto cuando no sabes lo que te depara.
Es extraño admitir que mientras Zaddiel estuvo a cargo de mí me sentía extrañamente mejor que como me encuentro ahora. Estuve con nerviosismo sobre que quiere de mi pero también está el hecho que es mucho mejor que su padre, por lo menos me dejaba molestarlo con mi sarcasmo y pese a tener que odiarme bajo su fría y enmascarada cara hacia que me sintiera conforme aunque esté encerrada.
Con Zacarías no ocurre eso.
Estaba por volver a lo que he hecho estos días. Sentarme en la cama y ver la horrorosa marca de la puerta, marca que con mis manos le hice apenas me encerraron.
Le hice un feo buque en la madera. Mi mano quedó doliendo pero valió la pena descargar la energía que descargue.
Estoy apunto de tirarme a la cama y lamentar mi vida cuando la puerta se abre. Me pongo alerta y mi corazón y estómago se contrae.
Aprieto mis puños al rededor de mis caderas. Busco la manera de no verme tan estúpida con un hombre que posible mide casi dos metros y parece un maldito luchador profesional.
Este no lo había visto. Es moreno claro, ojos oscuros, cabello corte militar, está vestido oscuro. Y me mira de manera sin mucha emoción.
Cuando camina hacia mi es que espabilo y dejo de mirar. Busco sus manos y solo observo que tiene una bolsa pequeña, es ancha pero con tremendo hombre de las cavernas se ve extrañamente pequeña. No pierdo de vista que en la cintura tiene su arma.
Muerdo mi mejilla por dentro. ¿Cómo haría para acercarme? Desecho el pensamiento justo en el momento que la bolsa toca la esquina de la cama. No es una, son dos.
—Vistete — dice mirando las bolsas luego a mí. —Ya.
Arrugó mi cara. ¿Ahora que piensan hacer? Cómo si supiera exactamente la cantidad de tiempo, no tengo ni un puto reloj de pilas.
Sin decir más se larga y yo me lanzó por las bolsas.
En una vida normal no soy amante de estar comprando ropa ni cara ni económica. Realmente no suelo estar en ese plan. Quizá es porque afortunada crecí donde no me hizo falta nunca ropa y aunque me gustaba reutilizar en los Tremblay palidecian si yo una de ellos se colocaba la misma ropa dos veces. Así que hacía lo posible por ponerme algo una vez tantos meses luego. La mayoría de las cosas me las compraban o si me gustaba yo misma lo pedía.
Lo que quería lo tenía. Ropa de diseñador. Ropa exclusiva hecha solo para mí y joyas.
Las benditas joyas nuevas o familiares.
Las mujeres aman una buena joyería. Que luzcan increíbles, las hagan sobresalir ante las demás. Diamantes, esmeraldas, rubí y zafiros traído desde vete a saber dónde y raro. Si es raro y único mejor. Les hace decir a la sociedad: Miren lo que es exclusiva, lo cara que soy. Entre más tienes, más es único por la cosa más inútil que otro tu eres mejor que ellos y ya está. Más importante, mucho más codiciado.
Pura mierda.
Pero yo soy de las que aman los tatuajes. Ah, mira. Si es para lucir única y diferente ¿Que otra manera de hacerlo con algo permanente y a tu estilo?
Entonces prefiero entre diamantes y tatuajes, me voy por lo segundo.
Abro la bolsa viendo que esto es demasiado. ¿Que carajos están pensado? Y peor aún ¿A dónde mierda quieren que vaya así vestida?
¿Un burdel caro?
Niego con mi cabeza ofuscada. No es posible que me tenga que colocar esto, tan poquito de tela y tan vulgar. Ropa así de este tipo no debería de existir.
Pero no hay más. En la otra bolsa están unas sandalias que van muy bien con la prenda. Pero no hay más.
¡Esto es imposible!
No sé cuántas horas pasan o que mierda hago viendo ese trapito. Lo tengo que usar sin nada debajo. El corte que tiene no permite que yo pueda usar nada. Si coloco el sujetador o las bragas que tengo puesta no coordinan con el corte.
La situación ahora es diferente. ¿Como haría para no asistir? Es casi imposible y algo me dice que si yo no me atiendo alguien más lo haría por mi o sería algo peor.
A regañadientes me visto, incómoda.
No hay nada más incómodo que saber que estás siendo usada. Me siento asquerosa. Solo utilizar el vestido o mejor dicho la tela encima de mí. No hay braguitas y tampoco es que las pueda usar.
El vestido están revelador que la abertura que tengo en una pierna sube hasta casi la cintura, con finas tiras a lo ancho y diminutos... ¿Diamantes? ¿Pedrería? Realmente no lo sé, pero la cadena brilla. Igual que todo el maldito vestido. Mi espalda está completamente abierta y las tiras de mis hombros tiene la misma cadena que mis piernas. Pero como si no bastará lo revelador y que no llevo braga, de frente cae mostrando que llevo pechos y por medio mi tatuaje. No necesito un espejo para saber que mis tetas lucen exquisitas a la vista y que pese que soy bajita mis piernas deben de tener el mismo aspecto.
Veo las sandalias. Altas y plateadas. Me siento asquerosa.
Voy a parecer una puta cara.
¡Una puta carísima! Este vestido me quedo a la perfección. Me hace pensar que es hecho a medida, aunque no tuvieran como saber mi talla.
Es imposible no sentirme resentida conmigo y con todo al mismo tiempo. Estoy dándome cuánta que no tengo el control de nada.
¿Cómo mierda se supone que yo me ponga en contra de todo esto?
Así que de ese modo rígida y más fría que un iceberg comienzo a salir de la habitación cuando entra el mismo gorila alias : luchador de mala muerte.
No sé cómo nunca me acostumbré a ver este tipo de hombres con cara de la muerte.
Pero no pierdo de vista como va detrás de mi. Me instó a ignorar que no está viendo mi culo. Inexplicable no lo hace. También que cuando entro no miro más allá de mi cara. Extraño por qué me parece que los hombres de Zacarías todos son sadicos.
Volviendo a zakaryta. Ruedo mis ojos y aprieto mis labios.
Zakaryta yo a veces no entiendo de dónde saco tantas locuras y diminutivo de nombres. Zacakaryta suena a lo mínimo que es ese hombre asqueroso, matón y por supuesto psicópata y violador de mierda.
Quizá nombrandolo de ese modo alejo el miedo que ese tipo me inspira. Me recuerda tanto al hombre que ví hace tantos años.
Alto, traje de etiqueta y mirada calculadora pero vacía. Me recordaba las miradas de los tiburones en el acuario. Llena de nada. Sin alma. Todo el representaba la muerte para mí. Ese hombre era la versión perfecta de perversidad y maldad. No he visto alguno que se compare a el.
Enrico Maserati
Pero viendolo así quizá Zacarías y Landon son harina del mismo costal. Pero jamás como Enrico. El es el peor de todos. Estos solo las sobras de lo que puede dar la maldad de el.
En este mundo somos asesinos. Pero hay una raya, una línea que Divide lo blanco y lo n***o. El gris. La mitad que te enseña que puedes ser una mala persona haciendo lo bueno, como una buena persona haciendo lo malo.
Todo siempre depende de la situación y el objetivo que le des.
Lorenzo Moròzov fue quien nos explico cómo ve el Submundo. Es Conocido como "el ojo" se dice que nadie se le va de las manos y que si eso sucede es porque el lo permite. No hay ningun alcance que el tenga y cosa que no vea con un rifle o pistola en la mano. Es un maniático y desquiciado.
El ojo. Diras: que nombre para ridículo.
Te digo yo: no dirás lo mismo cuando ese hombre toma una pistola, te obligue a correr kilómetros y su disparó sea tan certero como tus sesos en el piso y, no solo por su excelente puntería es qué los Moròzov trabajan de la mano con el gobierno ruso de este modo controlan a su conveniencia y de ahí el puede ver todo "el ojo" aunque aún se esfuerza por qué la mafia rusa no es fácil. Es una de las más brutales a nivel mundial.
En mi familia los Moròzov son respetados al igual que los Schmidt.
Carajo esos alemanes todos son malvada mente atractivos.
Frederick Schmidt a este solo se le conoce como "Shade" en inglés representa sombra.
¿Porque?
Sus asesinos no se conocen. Son todos manejadas por computadoras, dónde te dicen lo que vas hacer, dónde vas, como lo harás ya eso es de cada quien. Son sombras en este mundo, puede que algunos de mi organización trabaje para ellos y yo jamás lo sabré, pero los Schmidt son tan leales como todas las otras familias.
Esa familia tiene alto poder dentro de la organización de asesinos.
Y aún así. Jamás me cansaré de sentir incertidumbre cuando veo alguno de esos matones la diferencia es que los de nosotros jamás atentarian contra mi, por su lealtad y respeto. Aquí no es así.
Zacarías quizá sería un chiste rodeado de esas cinco familias contando la mía, los Tremblay.
Todos somos necesarios. Por esa razón jamás podremos salir de esto. Somos una unión y desde que nacemos nos dedicamos a la organización de sicarios y mercenarios. Nadie sale, solo entran los que van formando parte de la familia. Son lazos de sangre tras otros, alianzas, y aún así Nadie confía en otros, en extranjeros, en extraños. La lealtad es en la organización la principal y sin fallas.
El que lo hace, muere.
Aunque cada familia maneja cada parte de la organización a su modo, si hay un problema todos estamos unidos y no es tanto que sea por seguridad de años y años, sino que es... Algo más fraternal, hemos crecido juntos y mediante creces las uniones van llegando con bodas, negocios, haciendo que sea para siempre y como decía mi abuelo: todo tiene que ser contemporaneo, si uno se casa, comienza la temporada de las bodas, si uno trae un bebé, se abre la temporada de bebés.
De este modo Noah y yo crecimos cómo primos, luego vienen los chicos que tiene edades cercanas a la nuestras.
Si, hay gente que se descarrila y es obligación de la misma familia tomar acciones antes de crear una guerra.
Cómo ocurrió con los Antonsen, otro cuento.
El luchador de mala muerte abre una de las puertas y Casi doy un traspiés presenciando a la multitud de gente. Bueno, quizá no pensé hacia donde me dirijo no le di mucha importancia menos por mi vestimenta de puta cara, por qué estaba pensando en las familias que he conocido.
Trago grueso cuando la mayoría de las personas —Hombres y mujeres— vestidos todos de etiqueta, cabellos perfectamente peinados, la mayoría con copas en su mano. Doy un rápido vistazo a todos a mi alrededor y a la vez no veo a ninguno. Nadie de aquí parece ser las personas que ví en la gala del gobernador.
Me maldigo por no conocer a la mayoría de la gente influyente y social de Phoenix. Por ser tan ignorante. Todos y cada uno de ellos que han puesto su vista en mi me observan con curiosidad lujuriosa y otros con un claro interrogante pegados en la frente sobre mi. Noto entonces que me ven demás. Todo yo. Desde los pies hasta la forma que mi cabello onda a medida que camino.
Es intensa la forma tan asquerosa como detallan cada paso que voy dando, mientras me alejo de la puerta.
Tiemblo cuando la puerta se cierra tras de mí y me giro dándome cuenta que me han dejado, el gran hombre se ha ido.
¿Que mierda voy hacer aquí?
Incómoda y un poco asustada me fuerzo a no mostrar mi inconformidad con la situación. Alzó el rostro, hombros hacia atrás y mirada fría.
Soy un Tremblay y una jodida Halls.
Se que estoy rígida y me obligó a trabajar mi mente. No puedo estar de esto modo, cualquier cosa me va a sorprender, no me permito mostrarme insegura delante de tantas personas.
Comienzo a caminar sin girarme a dónde se que la mayoría me ve. Por lo que el primer camarero que se me acerca le quitó la copa y le agradezco con una sonrisa. Le doy un sorbo a la champagne recibiendo burbujas en mi garganta con ansías.
Entonces decido girarme cogiendo valentía y tratando que no me muestre tan estúpida. Doy un segundo vistazo está vez a el lugar en concreto no a las personas.
Hay una pequeña tarima y micrófono. Muebles varios de tela. Lámparas de araña todas en el techo. Es un salón privado sin ventanas. Al menos qué alguna de las cortinas que están a lo largo del salón las tenga ocultas. Pero, yo creo que no hay.
En el fondo, detrás de la tarima hay otra puerta pequeña, no como la que entre. A un lado de esta hay pequeñas y grandes cajas.
Achico un poco mis ojos. Hay una mesa y allí está la clave de lo que es esto.
Sonrió para mis adentros.
Las cajas tienen etiquetas y sellos de diferentes países, estoy en una subasta. Está mierda es ilegal por qué todo es clandestino y si es dentro de la mansión de un mafiosos mucho más.
Varias cajas tiene sello de Australia. Me impacta y a la vez no. Espero que esa sea una señal de Noah de decirme que estás aquí.
—Parece que estás viendo por dónde huir — no debía hacerlo pero igual brinque en mi posición y apreté la copa.
Carajo. Este tipo parece un fantasma. Debería de trabajar para a los alemanes o para Oliver. Bueno, eso último es estúpido Oliver trabaja para mí.
—Si existiera una manera ya lo hubiera hecho.— le digo sin girarme. Admitiendo la verdad. —Con tu padre psicópata ya estuviera como un colador fuera de las puertas.
Creo que escucho un pequeño bufido o risa no lo sé. Pero se coloca a mi lado. Mi piel se pone de gallina cuando siento su olor. ¡Dios! Casi creo que cierro los ojos y me deleitó. ¿Por qué no huele mal? Si así es el cielo o el infierno este tipo es un ángel y un demonio.
Cada vez su presencia me pone en este estado, piel de gallina, ansiedad y sobre todo un estado de atracción que jamás conocía.
Son los nervios. Me digo a misma porque es la razón que me inclino hacia su calor, o quizás, porque me siento desnuda y recuerdo que en la gala este hombre hacia que nadie me viera dos veces.
Cómo lo están haciendo justo ahora. Alivio, mi cuerpo recorre el alivio solo un poco, hay algunos que aún se atreven a sostener las miradas lascivas en mi cuerpo.
—Mi padre no es un psicópata — dice. Me encojo de hombros.
Estamos cerca del otro, Viendo a la multitud y tarima. Sin vernos o por mi parte, sin verlo. Pero mi piel, hormiguea de manera extraña. Debe ser la cantidad de piel al aire.
—¿Prefieres maniático? ¿Un ser malvado? ¿Asesino por diversión? ¿Maldito loco? ¿Violador? ¿Mafioso de pacotilla? — hago una pausa para encararlo y me sorprendo. Pestañeo confusa. —¿Que mierda te paso? Parece que has salido de una pelea de gatas y está claro que ella ganó.
Me lanza una mirada fría pero ya la tenía desde que supongo nombre a su padre con todos esos comentarios que aún tengo por decir. Pero me pierdo en su rostro. Zaddiel tiene en su boca un corte largo y fino. Realmente parece que un gato lo haya arañado. No le quita lo atractivo por supuesto.
No le quedará una marca se ve que es algo superficial para su buena suerte. Una cicatriz en ese bello rostro sería una pena.
—¿Mafioso de pacotilla? Difiero en lo de pacotilla.— Arruga sus labios y me parece el gesto más sensual en la vida. Luego me ve completa y su rostro ahora es disgusto. —Ven aquí.
Pero no espera que responda simplemente me toca y me jala para hacerme caminar hacia la barra. Me quedo fría por su toque, luego me acopló. Mediante me hace caminar sintiendo el roce de su ropa en mi piel.
Sigue siendo extraño que mi cuerpo no reaccione como debe. Antes me diera asco ahora solo me tenso, me estoy preguntando si es por qué no me alejo y lo permito, después de todo, sigo sin alejarme.
Mi cuerpo es un traicionero.
—¿Para donde me llevas?
—Lejos de la mirada de todos.— y en efecto me pasa la mano por la cintura. Veo que se tensa como yo me había tensado segundos antes.
Su calor me engulle y odio admitir para mí misma que me hace sentir bien.
—Eso es casi imposible con este traste. ¿No había simplemente un tapa rabo y cubre pezon? — le gruño.
Creo que estoy más molesta porque me siento cómoda con su toque y menos por el vestido, quizas cincuenta y cincuenta.
Se detiene y se gira tan rápido que pego mi cabeza a su pecho duro. Luego me alza el mentón con sus manos frías. Por un momento quedó suspendida en esas piedras que tiene por ojos, este hombre aunque ahora tiene en el labio el rasguñó aún sigue siendo precioso. Me molesta que sea atractivo. Quito de mala manera mi cabeza de su mano, lo que hace que me la apriete para no quitar su mirada de la mía.
No sé me pasa por alto que varias veces desvía su mirada hacia mis pechos. Arrugando más su entrecejo. Algo le causa incomodidad.
—No me gusta lo que llevas puesto. — sus ojos, me dan la sinceridad de sus palabras.
Abro la boca y la cierro. La vuelvo abrir y me doy cuenta entonces. El me es sincero. Por la forma en que está sobre mí, por la manera en que me ve, no hay nada oscuro, no hay burla, solo hay enojo a diferencia de las miradas lujuriosas que estoy atrayendo desde que entre.
Entonces el no sabía que yo estaba así vestida y le molesta. O eso creo.
—Somos dos, niño bonito. — vuelvo a quitar mi cara de sus manos. El mira algo por encima de mi cabeza y tan rápido como caminamos me rodea con el brazo muy íntimo. —¿Que mierda haces ahora? — me quejo incómoda de estar cómoda con él. Me parece que nos vemos más unidos que en la gala.
—Quedate quieta y comportate. — agrega en mi oido.
Inmediatamente aprieto los dientes al sentir el cosquilleo burbujeando.
No otra vez... No puede ser posible. Zaddiel lo nota. Lo hace porque me envuelve más y ronronea en mi oreja. Abro mis ojos impactada de qué me haya ronroneando de una manera tan s****l.
¿Que mierda nos pasa? Giro mi cara y quedó a nada de su rostro. Aspiró el aire que necesitaba alejando el pensamiento que me siento demasiado tentada a besarlo.
—¡Comportate tú! Estás actuando raro ¡Suéltame! — estoy medio forcejeando pero el es fuerte. ¡Huele divino! Su calor es un manto tranquilizador. —¡Eres un rarito!—El hilo de mi voz no va de acuerdo a mis palabras.
El bullicio de su risa hace que me estremezca de nuevo. Malvado cuerpo traidor. Sus dedos tocan mis costillas por encima de la tela. No es s****l pero si es un toque cautivador. Sus ojos. Dos mares tempestuosos, su boca está tan cerca de la mía. Cuando abre las palabras salen más pícaras que otra cosa.
—¿Porque carajos son un rarito? Y tienes pocos segundos para contestarme. — me susurra
¿Porque es un rarito? Ni yo sé porque dije eso, pero necesitaba decir algo para no pensar en lo agradable que es sentirse bajo su abrigo.
Quizá es el aire acondicionado y el frío que tengo por lo poco que tapa el vestido me está haciendo decir cosas raras. El sube una ceja esperando que diga algo pero termina sonriendo travieso.
¡Mátame!
Este tipo todo lo que hace es...
—¡Koch... — dejo de verlo para ahora ver a un hombre de edad media con una sonrisa tan abierta que me parece mentira —Tu padre no me ha dicho que tendríamos el honor de verte por aquí.
—¡Sopresa! — responde Zaddiel mirándome. Lo puedo sentir.
Los ojos del tipo recaen en mí. No lo había visto y cuando me detalla cómo si fuera un bocadillo costoso termino recostada del cuerpo de Zaddiel. Otro error. El tipo ahora se interesa.
—Si que lo es— dice viéndome con mucho más que interés. El escaneo es tan lascivo y lo desagradable de la situación me empuja a alzar una ceja.
En modo amenazante y diciéndo "Te estoy pillando viejo sucio"
—¿Que quieres, Clarks? Estamos ocupados.— Zaddiel no disimula la advertencia cuando ahora sí me abraza desde atrás. Por completo. Exponiendo que estoy con él.
El hombre deja de verme para verlo.
—Yo... Es que... — se aclara la garganta para mirar a Zaddiel por encima de mí. —Necesito las carpetas y el reporte.
Estoy viendo la interacción y mis antenitas de sentir presentimiento se agitan. Se nota que hablan de algún procedimiento y este tiene que ver con lo que le pasó a Zaddiel.
Zaddiel parece que ahora le aburre lo que ha dicho porque le da una mirada de "No me jodas" al tiempo que la mano en mi hombro baja hasta mi brazo y sube, en una caricia que me deja extraña.
Es una caricia suave con sus dedos casi fantasma a modo tranquilizadora. Pero yo no estoy nerviosa justo ahora. Estoy curiosa.
—Carajo Clarks date un respiro — deja de acariciarme y me sujeta —Ahora vete que estamos ocupados.
Clarks no parece satisfecho en ese rostro viejo se le nota. No sé mueve, en cambio sube una de sus manos y vuelve a mirarme.
No me gusta como me ve.
—Ella debe venir conmigo — suelta con gusto —Demasiado tentación para tí, Zady. Pero sabes el procedimiento, puedes conseguir otra.
La energía de Zaddiel se subió la podía sentir en como me apretó y de reojo se dibujo una sonrisa en ese rostro afilado y varonil. Cualquiera que lo ve diría que es un hombre risueño, atractivo a más no poder y con un toque picante.
Zaddiel es atracción, deseo y peligro bajo la fachada de niño bonito.
Es lo que tus padres están encantados de conocer y qué cuando tú lo conoces sabes que te va a romper el corazón. Pero la verdad es que terminarias muerta porque siempre hay peligro en esta baja vida.
Aunque puede que sea asesino como su padre destila para mí desagrado un poquito de confianza. ¿Estoy volviendome loca? La verdad no sé pero si me pones a elegir entre los dos captores principales me voy con el idiota que me tiene bajo su brazo y huele bien después de todo entre nuestras riñas no me trató mal desde nuestro primer encuentro.
Pero para ser justos yo lo trate peor.
Y esa sonrisa que ahora tiene en su rostro me hace saber que no va por los juegos, que tiene mucho más de lo que demuestra. Se parece a mi sonrisa que asusta a Noah.
Clarks se tensa dando un paso hacia atrás. Zaddiel no se ha movido más allá de esa sonrisa.
Y lo peor de todo. Me encanta esa sonrisa psicópata. Promete tanto... Peligro, maldad y tortura.
Estoy esperando que las alertas en mi cuerpo y mente aparezcan ante esa fachada de maldad. Pero no sucede. Es como si yo más allá de lo que pienso supiera que no va a dañarme, lo que lo hace más aterrador, Zaddiel pertenece a esos hombres que yo conozco muy bien de los que me prometí jamás tener.
—Esta conmigo, Clarks. — lo ve como una mosca encima de la mierda. —Es Zaddiel para tí. Recuerda y Quítate.
Clarks no se inmuta Pero aún así, percibo hasta aquí que tiene miedo y se hace el valiente.
—Necesito las carpetas, órdenes son órdenes. La chica viene conmigo.— recalca de nuevo.
Clarks trabaja para Zacarías. ¿Quien será dentro de la organización? Si Zaddiel le reporta eso quiere decir que puede que maneje los negocios.
Zaddiel se mueve y me doy cuenta que está negando. La sonrisa está vez es diabólica debería de darme miedo pero me causa placer ver cómo pone en su lugar a este tipo.
—Gracias por la información, Clarks. Siempre tan pendiente de lo que mi padre ordena. Pero está conmigo.— le sonríe aún más —Ahora, vete.
Da un paso hacia mi intentando buscar el modo de que me vaya con él pero Zaddiel le da una mirada de "tocala nada más"
—Si repito. Una puta vez más. Sabes lo que va a pasar — bajo el tono tan frío que Clarks no le quedó mas remedio que irse dándome una mirada.