Diecisiete.

3031 Words
Eira Entro dando zancadas queriendo quitarme los dolorosos zapatos cuando la puerta se abre y entra Zaddiel. Tengo que decir algo, mi vestido tiene cortes, está sucio y tengo sangre pegada en el y mi cuerpo. Zaddiel mientras tanto luce impecable e implacable al mismo tiempo. Extraño considerando que el fue quien socorrio a mi hermano. Yo parezco la escena de un crimen y una escape mientras el parece que solo estuvo en el evento y mas nada. Pestañeo viendo que se mete las manos en el bolsillo, tranquilo y aburrido. Pero eso no le quita que sea peligroso. Odio a mi papá en este momento. Más que en cualquier otro día de mi vida. Ni cuando me hizo la oferta de la universidad. En ese momento me pareció que quería controlar mi vida, ahora comienzo a pensar que lo único que desea es que me maten o nos maten. En ese momento sabía que lo odiaba pero no de este modo como lo hago ahora. ¿Cómo volvemos hacer lo mismo luego de esto? Simplemente no se puede. No soy estúpida y pese que Zaddiel me ha dicho que no estoy siendo secuestrada y se mostró educado protegiendo de su propio padre se que con lo de hoy me queda en explicación que algo necesita de mi. Y sin contar que no me ha dicho nada o hecho sobre que casi mato a su padre. Casi. Un término medio. No me gustan los términos medios. —Lindo cuarto. — sonríe con burla. Es totalmente rosa y morado. Mi cuarto es la clara evidencia de alguien que no estuvo para retocar en sus procesos de adolescencia. —Lo imaginé diferente. No le respondo en nada. En vez de eso veo como se tira a mi cama y emite un jadeo de dolor. Arruga su cara y poco a poco se levanta como si un resorte le haya pullado la espalda. Por dentro pienso que sea cierto y que ojalá fuera en el culo. —¿Cómo mierda duermes aquí? Tienes que admitir que si es por colchones te he dado el cielo. — no le respondo nuevamente y se sienta en una esquina viéndome tirar los tacones. —Son costosos no deberías... —Me importa una mierda si te costó más que las miniaturas de bragas que llevo puesta — le suelto y tiro la maleta casi dándole en la pierna. Ella rebota en la cama bajo la mirada de sorpresa de Zaddiel. —No recuerdo la diferencia de precios. Pero aún así te las pusiste. Todo. — me lanza una mirada astuta y yo lanzó de nuevo hacia la maleta está vez un cable el de mi cargador. —Yo no recuerdo a ver pedido nada y si ibas a comprar por lo menos te hubieras ido con mi talla. Ahora siento que me quema el culo. — me muevo inquieta para que se nota que realmente está braguita es pequeña. —¿Compraste talla de niña? El se me queda viendo cómo si notará por primera vez en toda la noche lo sucia que me veo. Tiene una mueca en su rostro y el labio le hace un pequeño puchero de descontento. Es un niño bonito y mimado. Ah, y mafioso. Tan diferente a su apariencia. —Pedi un conjunto bonito de encaje para una mujer que mide como un enano— se encoje de hombros. —Vete a la mierda Zaddiel. — abro mi closet y no veo lo que necesito. —Pero no vayas ha buscar a la dependienta por estafarte con unas braguitas no es su culpa que hombres como tú no sepan de tallas. Zaddiel suelta un bufido y me ve cuando voy saliendo. —¿Dónde vas? —Me voy a Madrid a buscar un español que la tenga grande— le digo con sorna cuando sube una ceja en desafío recuerdo lo que me prometi esto será muy difícil. Contener mi lengua y temperamento.—Voy a buscar una maleta nueva Zaddiel, te recuerdo que has dañado la mía. Ve mi maleta y me ve como si comprendiera pero no sé fiara o si no entendiera porque realmente me trajo hasta aquí. Simplemente no podía darme el lujo de tener ropa de mi talla o dejarme con estos trapos por días. Pero fue condencendiente en dejarme buscar mis cosas. La mansión... La mansión parece más desolada que cuando ellos se metieron a extorsionar. Me da escalofrios el silencio en ella. —Tienes dos minutos y contando, cosita. No le prestó atención al últimatum y salgo trancado duro. Desde que llegamos a la mansión la vigilancia no hay. Me parece tan extraño que no hubiera nadie, es como si nunca existiera tal seguridad. Recorro el pasillo y me trago un grito cuando veo a Lisa doblando ropa en una maleta. Ella si grita por fortuna no tan fuerte. Le hago señal para que haga silencio cerrando la puerta rápido. —Shh...— le digo y cuando me ve mi aspecto se tapa la boca. Sus ojos grandes y gruesas como piedras lucen agotados. —Calla Lisa que no quiero que el aparezca ahorita el por la puerta a ver que sucede. —¿El? — me dice sin entender Mierda. Ella no puede saber. —Olvidalo.— le digo buscando en el closet una maleta de mi hermano y encuentro una mediana. La saco. —¿Que haces? Lisa termina de doblar unos pantalones en perfecto estado y me mira dudosa. ¿Que carajos ha pasado en tres dias? Ve mucho el corte que tengo en el vestido de mi pierna y las manchas de sangre al rededor de mi cuerpo. Por lo menos no ve que mis nudillos están rotos. Me los lave antes de salir del hospital. —¿Vienes del hospital no es así? Y Julián ha salido para alla. Yo... — se pasa las manos por la cara. Veo entonces el ligero temblor que tiene. —No se que está pasando y... Trago grueso. Lisa está preocupada y aterrada con todo lo que sucede. Me doy cuenta que solo está ella aquí dentro de la mansión ¿Donde estarán todos? La detalló rápido. Lleva unos jeans, top blanco sin mangas, cabello recogido en una cola ya deshecha. Ni una gota de maquillaje y ojeras bajo sus ojos. ¿Que tanto sabrá ella sobre el problema que nos envolvió papá? —No tengo tiempo de explicar Lisa. Dime ¿Que haces? —Es la ropa de Javier. — me dice con un ligero temblor en la voz. — Necesita ropa limpia y Margaret me había ordenado que alistará las pertenencias de los chicos. Tu padre llamo hace un par de horas. —¿Que dijo? — luego me aclaro la garganta por mi tono de voz. Fui muy alarmada. —¿Fue específico en algo? —Ordeno que Margaret fuera a un lugar y, — dice mordiendo su labio. —Nos pidió que por favor despidiera a la seguridad y que nos fuéramos de la mansión. Que alguien vendría a buscar a los chicos. Veo la ropa y me doy cuenta que prácticamente el armario de mi hermano que tiene demasiado va por la mitad. Pero la ropa que dobla no es para nada cómoda. Son pantalones Armani, camisas Dolce & Gabanna y otras marcas. Nada para ir a un hospital. Mi padre pensaba llevarse a mis hermanos y dejarme aquí con estos malditos mafiosos. Mi corazón está vez si se rompe por completo. Es quien amo a mi madre sobre cualquier situación, es quien me crío a su modo pero lo hizo, con quién tuve pocas ocasiones memorables y risas alegres. Mi padre pensó en dejarme aquí. Mi visión da vueltas alrededor en una atronador sensación de decepción y dolor. —Es mejor que te vayas. — concuerdo. Después de todo es peligroso para ella. ¡Mierda! Incluso para mi hermano. —No soy tonta Eira. Lo que está pasando tiene que ver con los hombres que entraron el fin de semana y se llevaron a tu hermano a golpes y a tí. Abro mi boca en O grandísima porque no sabía que supiera. Pestañeo varias veces sacando la imagen de mi papá abandonanme a Merced de estos malditos mafiosos. Prestando atención a sus siguientes palabras. —Yo estaba con él, solo que me escondió para que no me agredieran. Duró horas escondida entre la clasificación de Trajes Armani y ropa casual igual costosa. Escuché todo, desde como lo golpearon hasta como se burlaron.— se estremece. —Intento protegerme mientras ellos se divertían con su dolor. Me acerco hasta ella y la tomo del hombro para que se calle. Es mejor que Zaddiel no se entere que alguien más aparte de la familia supo que ellos estuvieron aquí. No es que Lisa pudiera verle la cara pero si deduce luego sabra que yo me estoy yendo con uno de los hombres que agredió a Javier. —Mi papá hizo algo malo y ahora Javier y yo estamos solucionando.—la calmo porque está temblando. Presiento que está a punto de un llanto. —Voy a pedirte que no digas más sobre eso y que actúes como una trabajadora de la casa que no sabe nada. Finje ser estúpida por un rato. —Pero aún así Javier está mal. — ahora sí siento el llanto en su voz. —El intento todo para encontrar una solución para tí, Eira. Tu hermano lo hizo. Tu padre solo desapareció luego de esa noche. — me ve a los ojos. —Deberian llamar a la policía. Ellos sabrán que hacer. —No, no. Por favor. No vayas a la policía.— voy al escritorio de mi hermano y tomo papel y lápiz escribo tan rápido como me da la mano. —En lo que mi hermano reaccione en el hospital entrega este papel. Y vete tan lejos como puedas Lisa. Ella coge el papel y se lo mete en su pecho. Ya no está tan temblorosa. Suspiro sabiendo que mi tiempo se está acabando y no puedo hacer que Zaddiel vea a Lisa. No quiero que piense algo mal o que simplemente su mente piense algo malo. Cómo por ejemplo el número que le he dado. —¿Estamos en problemas no es así?— me dice antes que salga. —Tu no Lisa. Tu no.— le doy otra mirada rápida. —Entregale el número Lisa y por favor. Dile a Julián que lo amo y que no se aleje de Javier. Si padre viene por ellos estarán a salvó después de todo Zacarías confirmo que el está desaparecido, lo que quiere decir que ni el mismo sabe dónde. Casi sonrió. Margaret. ¿Por qué papá necesitaba de Margaret? Salgo arrastrándo la maleta con mil cosas en la cabeza. Mi papá llamo y si llamo hay un registro de llamas. Solo tengo que haya la oportunidad de desaparecer unos minutos antes de que Zaddiel se ponga necio para irnos. Entro a mi cuarto y lo veo parado está vez donde tengo unas fotos que realicé hace años. Somos Noah y yo vestidos como marineros en una playa en Australia. Cómo nos gustaba ir y aprovechar de la vida cuando podíamos ser normales. Pero esa noche estábamos disfrazados por obligación mía ya que quería hacer una fiesta de disfraces en la playa. Antuan la había reservado y solo estábamos chicos bebiendo disfrutando de una playa turística que volvimos privada por una noche. El se queda mucho tiempo viendo la foto ¿Que edad tenía? Noah me lleva cinco años. Pero pese a la diferencia éramos demasiado compatibles y unidos. Es más que un primo. Un hermano. Un cómplice. Un héroe para mí. Es mi todo. Parece saber que he entrado por qué aún tambaleándose entre sus talones con las manos metidas en su pantalón me da una mirada por encima de su hombro. Me revisa de arriba abajo y luego a la maleta a mi mano. Achica sus ojos. —¿Quien es?— inclina la cabeza hacia la foto. —Un chico. — le digo abriendo la maleta y vaciando todo en mi cama. —Tienes más fotos con el que con tus hermanos. — agrega lo obvio. —Eres inteligente y observador. — le devuelvo y meto todo en la maleta. Se gira desde su hombro con una sonrisa siniestra en su boca. Arrugó mi cara y decidí suspirar al saber que me iré de nuevo a esa maleta mansión. —Aun me sigo sorprendiendo de esa lengua tuya. — agrega en tono intimidante. —Creo que no tienes remedio, Cosita. Suspiro me recuerdo de nuevo que debo ser más dócil. Mi hermano está en el hospital y sin protección para el. Sin nadie que yo pueda llamar porque no tengo como hacerlo y peor aún. Un mes tengo que pasar con ellos, Javier debe de recuperarse para ir por el oro. Para eso serán un par de semanas. Ruego a Dios que despierte rápido y pueda llamar a Antuan o Noah. Lo último que supe del último es que se encontraba en Londres cerrando un trato nuevo. Algo sobre contrabando de órganos. Noah y yo odiamos ese tipo de contrabando al igual que el de mujeres o niños. Le decimos trata de carne. Podemos con la de droga, armas, medicina. Inclusive no nos importa las extorsiones sobre quien sea siempre y cuando no sea algo que nos perjudique o dañe. Pero mi primo estaba por lo poco que sé quizás dañando o salvando un cargamento de carne. Los países europeos son dónde más secuestros de mujeres se hacen anualmente. El trata de personas ahí es más agudo que en otros continentes. Sin embargo no quiere decir que los demás no sean primordiales. Mi familia jamás trato con eso, igual que los Morozov, los Schmidt, Los Laurent, los Mcdonell. Las cinco familias más grandes contando la mía en el estatus de poder social e influencias al rededor del mundo. Pero eso no quiere decir que no cueste trabajo extender la línea de lo bueno y lo malo. Esa línea se vuelve borrosa cada vez que nos ensuciamos las manos y hay errores con inocentes. No siempre se puede salvar a todos sin que existen daños colaterales. Los cuatro somos una unión secreta. Tenemos un fin en común desde mucho antes que yo naciera. Desde hace algunas años para acá el fin en común único se volvió dos: los Maserati. Esos malditos no solo nos jodieron a nosotros sino también a ellos. Les costó dinero pero también familia. Mataron al hermano gemelo Morozov cuando esté se interpuso ante la comercialización clandestina de venta de niños en Rusia. Mataron también a Dimitri el hijo del viejo Schmidt. Tenía un cargo en el ejército alemán alto. Solo ellos saben la causa de su muerte pero pudieron asegurar que fue el Hermano de Enrico Maserati. Henry muerto ya en Pertch. Por ellos mismo en venganza. Eleny Laurent y Bianca McDonnell fueron secuestradas en Italia en un viaje que hicieron las chicas. Fue en territorio Lombardi. Hasta los momentos las chicas aún no aparecen. Llevan siete años y contando. Se cree que es obra de Maserati debido a un tratado no concreto que tuvieron con sus familias. Su venganza. La mafia italiana de los Lombardi desde entonces han estado ayudando a los franceses y Irlandeses en la búsqueda de sus hijas. Nada en este mundo es perfecto ni mucho menos sencillo. Aquí hay muertes, secuestro, ventas clandestina e incluso cada cabeza de nosotros tiene un buen monto para nuestro enemigo. Seremos secretos pero solo hacia aquellos mundanos. Incluso la interpol ha intentado conseguir información sobre nosotros pero no hay nada que algunos de ellos estén en nuestras nóminas para que las pistas se pierdan. Lo que me lleva a pensar que realmente Zaddiel no sabe quién soy o con quien esta tratando. No lo culpo. Si pudo extraer algo sobre mi sería que vengo de una familia de alta sociedad. Una familia antigua de origen canadiense instalada en Australia. Tenemos poder económico pero no se sabe que territorial y que tenemos una de las sociedades más grandes de asesinos en el mundo. Tan letales como cualquier otro. Sobre todo Oliver. Un ex m*****o de la KGB que la mayoría piensa que está inactiva cuando no es así. Tiene otro nombre pero la KGB sigue funcionando bajo otras directrices. Hay tantas cosas que aparentan ser y no son. Me muerdo el labio. Zaddiel sube una ceja esperando la respuesta haciendo que su rostro obtenga una faceta pícara y al mismo tiempo odiosa. —Comparto más con el que con mis propios hermanos. — le digo para que deje lo curioso y por fin cierro la maleta con todo. —¿Por qué no deshiciste la maleta Eira? —No valía la pena hacerlo cuando solo iba a durar tres días aquí — le respondo viendo que en su mano está mi teléfono. —¿Puedo? El ve lo que señalo y me dice que no. Lo imagine pero aún así hago fuerza. Necesito demostrar que quiero tener comunicación para no mostrarme tranquila de no tenerla. Si no saben de mi en un par de días más vendrán. Siempre vendrá por mi así me encuentre en Afganistán. Buscará la manera de protegerme. —Eso solo para decirle a mi novio que estoy bien. — el me ve como si yo fuera estúpida —Por favor Zaddiel. Algo cambia en su mirada pero cuando pienso que lo logré lo mete en su pantalón y me da una sonrisa muy parecida a la del guason. Da un poco de terror. —Buen intento pero sabemos que tú y yo desconocemos la palabra de suplica al menos que sea por interes.— me hace una señal para salir de la casa. —Detras de ti cosita. Quiero decirle muchas cosas. Quiero gritarle por cabron e hijo de puta. Le devuelvo la sonrisa que me dió segundos antes. —Lleva la maleta. — no espero que me responda pero cuando estoy por el pasillo escucho como maldiciendo la rueda de la maleta.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD