—No es necesario que venga mañana —me informa mi jefe cuando regresó a la cocina. —¿Me está despidiendo después de que lo cuide aun cuando no era mi obligación? —chillo indignada. —No la estoy despidiendo —masculla con una ceja arqueada—. Solo le estoy diciendo que mañana no venga por qué cada uno trabajará desde su casa. —¡Ah! —¡Ah! —me imita con un patético chillido. —No tiene por qué ser tan hiriente, las personas cometemos errores, además no se supo explicar. —¿Usted si comete errores, pero yo no puedo? Y usted fue la que me interrumpió y no me dejó explicarle todo. —Si podemos cometer errores, pero en su caso lo toma como una contienda para cometer más errores que el resto. —¡Señorita Bennett! —grita o mejor dicho intenta gritar con su voz ronca. —Ya me voy, ¿entonce

